lunes, 19 de febrero de 2018

un poema (Concha García)






Salimos del cuarto
era un hotel
el día caracoleaba
te entregaron
una fotografía
de las antiguas.
Soportar
la imagen
en ambas
direcciones.


lunes, 12 de febrero de 2018

Paseos barceloneses







STREET ART/MODULACIONES URBANAS

Hace unos días la televisión mostraba a un empleado del metro en Madrid intentando disuadir con un extintor a unos jóvenes que estaban pintando unos grafittis en el vagón. La escena era violenta, y si en un primer momento piensas que la acción suponía un peligro para los chicos a la vez que acto de vandalismo cívico, casi simultáneamente te preguntabas: ¿Por qué así? ¿Nos dan la noticia para que nos produzca un primer instante de rechazo?
Caminar en grupo bajo la dirección de Gabriela Berti, autora de “Pioneros del graffiti en España” nos ayuda a comprender el fenómeno grafittero en las grandes ciudades. Comenzamos la ruta en la Fábrica Lehman, en el ensanche izquierdo barcelonés, un barrio de moda donde cada vez es más cara la vivienda. La Fábrica se había instalado en 1891. Era de una familia judía alemana, tenían la sede en Nuremberg. Trataban de abrir mercado poniendo su interés en la clase social más modesta. Las muñecas de porcelana que fabricaban necesitaban una elaboración que ocupaba a bastantes trabajadores y trabajadoras –la familia Lehmann fue aniquilada por los nazis alemanes y quienes quedaron en Barcelona huyeron por miedo al dictador Franco- . El recinto se conserva como hace años. Recuerdo haber pasado por el mismo hace poco, todavía encontrabas talleres sobrevivientes al desarrollo industrial.   Ahora el espacio se ha gentrificado y ofrece alquileres para artistas y arquitectos. Las ciudades cambian y la modulación urbana está en constante movimiento. Gabriela Berti nos invita a caminar por las calles colindantes para apreciar los abundantes graftitis.
Caminar es muy saludable, sobre todo si no tienes prisa y cambias la mirada de los lugares acostumbrados. Recordé haber leído que Virginia Woof , paseando por Tavistock Square,  encontró la inspiración para escribir Al Faro;  Baudelaire paseaba por los pasajes parisinos. La ciudad está llena de códigos, de pistas, de trazos que apenas vislumbramos. Nos dirigimos de un lugar a otro sin pensar donde estamos. Creemos que la obra de arte debe estar encerrada en un espacio, que los cuadros deben estar pintados dentro de un marco, que los árboles alguien pensó en ponerlos y nos olvidamos de su necesaria presencia. Lo que pensamos genera nuestra realidad pero no es la única. A través de las vanguardias rusas   -el poeta Mayakovski fue el creador de eslóganes breves y directos en los espacios-  supimos que el arte debía salir de lo museos.
El arte era un bien concebido para la burguesía. Ahora es para las multitudes y se ha convertido en un fenómeno de masas. Pero continuando con lo que decía, comenzaron a surgir grandes murales con claras consignas políticas, los murales en Cuba o en la Ciudad de México fueron un capital ideológico de primera magnitud. Acostumbrados a los grandes carteles publicitarios no nos damos cuenta de la constante emisión de mensajes que nos invaden cada día. En las paredes de las ciudades encontramos murales no solo publicitarios, son consignas dirigidas a la clase política. Cada vez hay más artistas de lo efímero. Los grafittis dejan la señal de su autor o autora, hay que saberla reconocer, puede llegar otro y pintar encima mejorando el anterior, existe un código que se respeta. Nacieron a contracorriente de las vanguardias neoyorquinas  a finales de la era Reagan,  en los años setenta en Estados Unidos junto al Hip Hop,  en los barrios más pobres.  Los jóvenes sin formación académica comenzaron a dejar sus señales con la voluntad de visualizar su descontecto. Es una llamada de atención,  una manera de decir: estamos aquí.
A España llegaron más tarde, en la década de los ochenta. Podemos verlos en muchos formatos. Hay firmas anónimas en las paredes que dejan como señal un círculo o flechas en cualquier dirección, sin inencionalidad alguna, solo la de dejar la huella y jugando con la identidad puesto que suelen ser efímeras y se crean en los lugares más degradados y en soportes móviles como el tren, el metro, o cualquier camioneta. Los escritores graffiteros no actúan  por una misma razón, utilizan sus firmas (tag) para identificarse, pueden también ser letras o muñecos. Como dice Gabriela,  hay gente que piensa que los graffitis son vandalismo sin cuestionarse si las publicidades de tamaños bestiales en el espacio público, o la publicidad de las mismas instituciones públicas, ejercen una violencia visual e imperativa sobre los ciudadanos.
Los grafittis nos increpan, nos mueven para decirnos que en la ciudad existen,  que no están dispuestas a mantener el orden impuesto bajo la idea de una ciudad higienista, un arma de doble filo. Varias iniciativas cuyo objetivo es la gentrificación del barrio hacen todo lo contrario –ha sucedido en el Raval, en Poble Nou, o en Lavapiés y Malasaña en Madrid-. La denuncia contra el capitalismo y las desigualdades sociales que reflejan los grafittis, es un arma política para los excluidos, pero también es utilizada por los especuladores. El propio ayuntamiento en alianza con empresas interesadas  llaman a grafitteros que convertirán las paredes en piezas que deben ser remodeladas y romantizadas,  además  decoran puertas, persianas comerciales, escaparates.  El barrio se va llenando de peluquerias hipster, tiendas de alimentos  ecológicos, negocios vintage, a la vez que los vecinos de toda la vida tienen que irse a barrios más lejanos, si es que pueden, para dejar sus casas a los siguientes inquilinos de amplio poder adquisitivo. Después llegará la inversión pública y donde había un descampado con jeringuillas veremos un huerto ecológico.

Publicado en Aladar, el 3 de febrero de 2028
Concha García








jueves, 8 de febrero de 2018

del diario







La casa del amor no es una casa. La palabra amor me disgusta, habría que pensar en “otra cosa”, tan real, tan certera. Sin embargo, no puedo sentirte “todo el tiempo”.

Algo así, algo así, mueve al mundo.

C.G.

viernes, 26 de enero de 2018

Zacatecas y la poesía




Zacatecas
Llegué a Ciudad de México a las 5 de la mañana del 4 de diciembre pasado,  y en el aeropuerto me dije:  ¿qué hago a estas horas? Tomé un taxi desde la propia terminal y le pedí que me llevara al hotel situado en Colonia Roma. No tenía ni idea de la distancia que había entre un lugar y otro. El taxi recorría calles muy mal alumbradas y entre aquella oscuridad urbana no podía adivinar si me gustaba o no la ciudad. En el hotel, el recepcionista,  con mucha calma me dijo que hasta las ocho no podía entrar en la habitación y le rogué disponer de ella antes. Miró parsimoniosamente varias fichas, luego un largo listado y me dijo:  ¿es usted una de las poetas invitadas, cierto? Sí, -le dije-  y tuvo consideración dándome una habitación en la primera planta desde donde solo se veía un patio con más habitaciones.  Me eché sobre la cama hasta que adiviné que había amanecido a las ocho de la mañana.  Colonia Roma es uno de los barrios más dañados por los terremotos que asolan la ciudad. También es un barrio moderno, lleno de cafés y librerías. La avenida Álvaro Obregón lo divide en dos. Está lleno de casas catalogadas, en ruinas algunas. Aquí se encuentra la casa donde vivió el poeta Ramón López Velarde durante los tres últimos años de su vida. Ahora es la Casa del Poeta. Como todo tenía que verlo a golpe de instante apenas pude recrearme en cada uno de los edificios o cafés vistos a vuela pluma con el poeta panameño Javier Alvarado y la directora de la Casa, también poeta. Nada más lejos que la imagen de una directora es la que tiene Carmen Maza, que se fue a vivir a México desde su Gijón natal. Se me iban cayendo los estereotipos a medida que pasaban las horas y era tanto el estímulo que recibía que comencé a ser otra. Recordé el relato Borges y yo: “Yo camino por Buenos aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas…”, y así hasta que nos fuimos encontrando en la Casa del Poeta un número considerable de quienes nos íbamos a reunir al día siguiente en Zacatecas. Que nadie piense que un poeta es igual a todos. Ninguna palabra puede generalizar a nadie ni nada.
Cuando me bajé del autobús después de casi nueve horas de viaje desde México DF, tenía una sensación moviente en mi cuerpo y pensé:  ¿y si no vuelvo a recuperar la estabilidad? Llegamos a un hotel muy lujoso a las afueras de Zacatecas. La ciudad,  situada a 2.400 metros sobre el nivel del mar, en la época colonial española fue uno de los mayores centros de extracción de plata;  queda la huella en sus edificios coloniales. Me abstengo de comentarios acerca de la ambición europea que ha recorrido todos los siglos. En el último tramo del viaje podía divisar algunas torres y cúpulas. Las construcciones se adaptan a su accidentado relieve,  y como siempre que llego a una ciudad desconocida,  me dieron ganas de recorrerla entera. Había dos grandes inconvenientes. La peligrosidad de la misma a aquellas horas -no es un mito la pobreza de México-, tampoco lo era la extrema belleza que guardaba la ciudad  y mi imposibilidad de desviarme del grupo de poetas.

Nos bajamos todos los poetas y nos agolpamos en la recepción, hacia tanto frío que no apetecía dar una vuelta para descubrir el entorno. Mi habitación era una suite, mucho más grande que el apartamento donde he vivido varios años. Desde la ventana, al fondo, vi pasar un tren de mercancías y me detuve a contemplarlo antes de abrir la maleta. En unos minutos pasaron de nuevo a recogernos para llevarnos al centro de la ciudad, a la casa del poeta Abel García Guizar. Era una casa muy decorada al estilo mexicano, decenas de figuras de barro e ilustraciones riéndose de la muerte.  Al fondo, junto a la cocina,  una escalera de caracol conducía a su salón privado llamado Pulgatorio, escrito con una cuidada caligrafía. Cuando miré hacia arriba estaba tan mareada que no tenía cuerpo para ascender,  por lo que me ofrecieron una plataforma, donde me acomodé acompañada por el atento fotógrafo Pascual Borzelli . La sala estaba llena y Leticia Luna leyó sus poemas. Su voz me acogió. 
Contemplaba la preparación de una bebida que nos ofrecerían al final. La bebida era dulce. Bajamos poco a poco con Humberto Avilés, Antonio Rodríguez Jiménez,  Carmen Nozal, Mohamed Ahmed Bennis, Federico Bonasso, Guadalupe Ángeles, Minerva Margarita Villarreal, Ulises Córdova, Margarita Laso… entre muchos más,  y el poeta zacatecano José Jesús Sampedro, que organiza el festival de poesía “Ramón López Velarde”  desde el año 1988 y dirige dos revistas, siendo él mismo un gran poeta. No todo era poesía, pero sí resultaba muy poético.
La noche cerrada no me dejaba ver Zacatecas mientras comencé a ganar estabilidad física imaginándome la ciudad  por la ruta que ofrecen las titilantes luces lejanas. Por la mañana nos fuimos todos de nuevo a la explanada de la Alameda para una ofrenda floral al político Francisco García Salinas (1786-1841). Pude ver el amplio paseo, y las construcciones blancas en planta baja que me retrotrajeron a algunos pueblos españoles. El día era muy hermoso y tras la ofrenda pude escaparme un rato –muchas veces pienso que los encuentros de poetas son parecidos a los grupos de turistas agrupados en torno a monumentos o restaurantes-. Me esperaban quince mesas de lectura y un viaje a Jerez que relataré en la próxima entrega.

Concha García
(Publicado en Aladar, el Correo de Andalucía 13/1/2018)



lunes, 15 de enero de 2018

Estela Figueroa






A cinco meses de la inundación



A la mañana
maté una cucaracha.

Luego vi otra
veloz
por la pared.
¿Dónde estaban?

Por la tarde
vi muchas moscas
en el patio
¿Dónde estaban?

¿Y dónde estaba yo?

Por un momento me pareció
que todo
era como antes.

domingo, 7 de enero de 2018

Inger Chiristensen





Mientras escucho un cedé de sonidos de pájaros para  sobrellevar  el ruido de la  ciudad que llega tras la ventana, abro el poemario de Inger Christensen recordando su afable rostro sonriente en Barcelona,  hace ya unos cuantos años. Recuerdo su cuerpo menudo y su potente voz enunciando sus acompasados versos. Entonces ella  tenía  cincuenta y siete años. Nació en Vejle, Dinamarca en 1935, y murió en 2009 en Copenhague. Su obra es considerada cumbre de la poesía danesa. Ha sido candidata al premio Nobel. Traducida a más de treinta lenguas,  recibió  numerosos premios, entre ellos el Premio Nórdico de la Academia Sueca. La editorial Sexto Piso inaugura colección de poesía,  y lo hace editando Alfabeto, que todavía no había sido traducido al castellano.
Según Octavio Paz, la poesía moderna se mueve entre dos polos, que él llama lo mágico y lo revolucionario. Lo mágico consiste en un deseo de regresar a la naturaleza mediante la disolución de la conciencia de uno mismo, que nos separa de ella. Lo revolucionario exige “la conquista del mundo histórico y de la naturaleza. Ambos fundamentos convergen en la poesía de la poeta danesa.
Alfabeto es uno de los libros esenciales de la poesía europea del S. XX. Se trata de un largo poema inspirado en las reglas que rigen la naturaleza y las matemáticas (era profesora de matemáticas). “Las proporciones numéricas están en la naturaleza, como la forma en que un puerro se envuelve a sí mismo desde dentro”, dijo al publicar Alphabet en 1981. Se basó en dos principios de composición. El primero es la secuencia de Fibonacci. El primer poema de la serie tiene un verso, el segundo dos, el tercero tres, el cuarto, cinco, y así sucesivamente. El segundo es el alfabeto. Cada poema y las palabras que utiliza, sigue el orden de las letras: a, b, c, d, e. Sin embargo, bajo esa forma aparentemente estricta, hay lugar para el azar. La autora emprende un viaje paradisíaco, donde poeta y lenguaje se fundan en unión. La lógica,  en el poema no existe. Solo aquello que ocurre en la poliédrica dimensión de la realidad. Hay algo extraordinario/ en la manera en que las palomas/ viven mi vida/ como una evidencia”.
La cadencia con su fuerza enumeradora dotan a la obra de una estructura sistemática que abre la conciencia de quien lo lee por todos lados. El poema parece estar escrito desde la cocina de su casa, una casa rodeada de árboles en cuyo exterior los animales, las plantas, el movimiento de las nubes, en fin, todo lo que existe porque lo vemos deja una evanescente impresión de visibilidad de lo invisible. El paso del tiempo sin que nadie se aferre al su detención melancólica, se mueve con una asombrosa precisión en el nombrar constante de todo lo que existe. Sentimos el oído, la voz, el olfato, el tacto, miramos con la lectura pero el poema se va introduciendo como una música lejana que envuelve y acerca su melodía hasta inundarte. Para Christensen, el lenguaje es directa emanación de la naturaleza, y los primeros versos de Alfabeto parecen brotar de la misma: Los albaricoqueros existen, los albaricoqueros existen. Es su ojo quien nombra y quien mira: los helechos existen; y zarzamoras, zarzamoras/ y bromo existen; y el hidrógeno, el hidrógeno. El hidrógeno que posibilita que la bomba de cobalto exista, y que exista el poder destructivo del odio, pero también existen los niños que aseguran la continuidad del alfabeto, del mundo: Como si alguien hubiese/ juntado el tiempo/ y lo hubiese empujado/ a través de la puerta de/ una habitación”. Sin la traducción excelente de Francisco J. Uriz, que ha hecho concondar el vocabulario danés con el castellano respetando los 386 versos que forman Alfabeto.
Otros poemarios suyos son: Lys (Luz) 1962, Graes (Hierba) 1963, Det (Esto), 1969 y la colección de sonetos Sommerjugledalen (El valle de las mariposas)

ALFABETO
Inger Christensen
Traducción de Francisco J. Uriz


miércoles, 27 de diciembre de 2017

Budismo





!Qué maravillosamente se comporta el budismo al lado de nuestros negadores de la vida!
Hastío de la vida, pero mil historias de renacimientos.


Elías Canetti

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Poema (Concha García)





1
Primero el dinero
luego, la vida
o la vida antes
que el dinero o nada
de dinero que todo sea
la vida o imposible
ecuación o menos
vida o todo lo que es vida
acaso señuelo dinero
o tanto dinero tanta
vida acaso lo que
importa no es un
tránsito, es recorrido
sin conciencia
luego el orden de nuevo
primero el cuerpo segundo
el dinero, no, el cuerpo antes
de lo primero, existe, es, no colocarlo
en la mente que salga de las entrañas
tercero los muertos tantos muertos
y el dinero que gastaron
todos los muertos y el sonido a monedas
al caer la tarde con los pájaros
yéndose sobre las mieses segundo el
cuerpo vivo exultante latente
cuerpo de vísceras sanas
o mejor el tercero, un cuerpo menos,
el oro brillando, la cruz
rebosa oro por dentro, la cruz de piedra
en el amino hacia el oro, el cuerpo
la salud, la pereza
el rozarse sacando los brazos
otro cuerpo más cuerpos no hay
dinero para tanto
entierro esparciéndose
en el aire denso antiguos denarios
reales yenes peniques dólares piezas
de museo dedos que tocaron
ya nada, no hay nada, nada.



lunes, 4 de diciembre de 2017

Una vida poética o una reflexión acerca del narcisismo de los poetas





Parque Rodó en Montevideo




Publicado en Aladar, El Correo de Andalucía, el 2/12/2017

La experiencia me dice que hay algo que no se puede lograr con la poesía cuando la necesidad primordial de quien se pone a escribir pasa por el reconocimiento inmediato, porque una cosa es escribir y otra esperar que por cada libro el mundo reconozca tu excelencia. La poesía huye de todo eso. Hubo un tiempo que aceptaba entrar en el juego y he llegado a escribir poemas dedicados porque me parecía una delicadeza y un juego. Ahora sé que no. Como decía Gil de Biedma, la vida va en serio. El narcisismo de quienes escribimos poesía es real aunque nadie quiere confesarlo.  No puedo dejar de pensar en aquellos poetas de otros tiempos y no los imagino en esta vorágine de premios y castigos, de poses en recitales con voz impostada, de guiños, de segregación por sexo o por comunidad autónoma. Echo de menos la vida poética, la libertad de salir a la calle y mirarlo todo como si lo viese por primera vez, la generosidad de dar tu tiempo para escuchar a otros y planear con amigos lecturas sin más proyección que el placer de estar juntos.
Hay prisa, mucha prisa por publicar, nos hemos contagiado de un tiempo veloz para colmar una carencia que arrastramos desde nuestra  infancia. No es nada nuevo lo que digo, sabemos que el discurso capitalista juega sobre la falta estructural, el deseo no se puede colmar y ofrece objetos para calmar esa falta.  Los franceses le llamaban a esa falta el mal de vivre, y  estos tiempos de velocidades sorprendentes, están provocando que la lentitud y el silencio, bienes no consumibles masivamente, sean todavía lugares soñados para algunas personas.
Se ha publicado en Buenos Aires un libro colectivo titulado “Hierba sobre un mundo castigado” (Hilos editora) , coordinado por las poetas María Mascheroni y Teresa Arijón. Se trata de un texto colectivo compuesto de poemas,  y en ciertos casos,  poemas completos, de 56 poetas argentinos. El nombre de los autores se reserva para el final. Dice Mascheroni: “Éramos poetas que veníamos de una tradición donde la visibilidad no era un valor, donde se prefería no publicar de inmediato un libro terminado, dejarlo madurar… Una época en la que se quería una vida “poética”, un poco de bohemia… esa palabra tan pasada de moda, tan desjerarquizada. Modos estos que también originaron la poca preocupación o el escaso interés por publicar de inmediato lo que se iba escribiendo”.
Me imagino  un libro de esas características en este país,  donde el nombre sea lo menos importante,  porque el nombre lo llevamos como un imperativo categórico que por nada del mundo queremos hacer desaparecer;  quizás por eso se convocan tantos premios financiados por el erario público, o en el mejor de los casos por fundaciones privadas. Me imagino algunos postulantes llamando por teléfono a los jurados, desesperados por abrirse paso entre sus adversarios, llegando a imponer su nombre a base de promesas o réditos. Abrirse paso entre los premios no apaga la sed de reconocimiento, el colmo del narcisismo se halla entre aquellos que en vida ya tienen su nombre en una calle de su localidad de nacimiento, y  pasean por su población como si estuviesen ya muertos. Éste era un honor que se hacía en el pasado para recordar al poeta que había nacido en un lugar,  y por lo tanto el mismo ayuntamiento  reconocía los logros que el escritor o escritora había aportado a la humanidad una vez concluida su vida y obra. Otra cuestión más razonable es  la entrega de las llaves de la ciudad o las distinciones como Doctor Honoris Causa, que se hacen en  vida como distinción honorífica a una obra o una trayectoria. ¿Qué pensarán las personas que cada día pasan por la calle del paisano a quien se encuentran comprando en la frutería?

El fetichismo no es solo patrimonio español ni es un fenómeno de los últimos siglos. Ya las civilizaciones prehistóricas tenían sus monumentos, hay bellísimos ejemplos de esculturas a lo largo del tiempo y en todos los países. Siempre me llamaron la atención las ecuestres y las dedicadas a los poetas, de ello escribo en mis diarios de Montevideo: La lejanía.  Ya los romanos comenzaron con las ecuestres, y hay verdaderas obras de arte del Quattrocento italiano. Sin duda me gustan más las dedicadas a poetas u escritores que las de los militares. Volviendo al tema. El mito de Narciso lo escribió Ovidio en el año 43 a.C. en su libro Las Metamorfosis. Se basa en la fantasía de un joven llamado Narciso que se enamora de su imagen reflejada en el agua, provocando grandes pasiones entre hombres y mujeres, mortales y dioses, a los cuales no respondía por su incapacidad de amar y reconocer al otro. Si pensamos atentamente,  la incapacidad de reconocer al otro es una enfermedad que se extiende en esta sociedad narcisista, ya sea entre creadores, ya sea entre poblaciones que se sienten diferentes y mejores que otras. 

CONCHA GARCÍA


martes, 28 de noviembre de 2017

Escena (presentación de un poemario)









Llegan al reducto donde el poeta se explaya acerca de sus debilidades y otros aspectos pusilánimes. Laten pocos corazones alrededor del evento lleno de mucha gente. Un poeta que confiesa haber tenido cinco novias antes de encontrar a su mujer ideal es mirado por una señora de mediana edad a la que le gustan los poemas tristes. El presentador, un antiguo escritor que dice que ya no cree en los vestidos largos ni en las ojeras de los maldurmientes, enfatiza los aspectos más sórdidos de su existencia haciendo un curioso paralelismo con el libro que presenta. El editor se quita la chaqueta y carraspea. Dice que nunca había publicado poesía tan excelente y que está realmente impresionado porque el orden de los poemas no altera la calidad del libro, son tan intercambiables como las cifras de una suma. El poeta termina leyendo durante una media hora una ristra de versos donde habla del silencio, de las locomotoras antiguas, del bar donde conoció a su tercera novia, del nacimiento de su hijo y posterior comunión y del dolor de la existencia. A la señora que le gustan los poemas muy tristes la distrae la poeta de moda que acaba de entrar en la sala. Su poesía es un manto de experiencias que cubren desde lo más terrorífico hasta lo más banal. Sus yoes son como puntadas de una aguja que cose y cose sin parar sobre los heridos tejidos del pasado y del presente. Los aplausos forman un estallido que provoca que la sala de actos de la librería se llene de esporas cosa que fastidia bastante al auditorio.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Poética (una posible)







Decidí que la protagonista de mis poemas sería una mujer. Esa mujer recorre también las calles de esta ciudad y es anónima. Vive las sensaciones que puede albergar cualquiera, por eso las describe. Es una mujer de la multitud, esa multitud que le produce muchas veces repugnancia y rechazo cuando simboliza la deshumanización. Baudelaire escribió en 1851: “Sea cual sea el partido al que se pertenezca, sean cuales fueren los prejuicios que le hayan alimentado a uno, no conmoverse ante el espectáculo de esa multitud enfermiza que respira el polvo de los talleres (…) esa multitud suspirante y lánguida a la que la tierra debe sus maravillas y que siente correr por sus venas una sangre purpúrea e impetuosa, lanza una mirada larga y cargada de tristeza al sol y a la sombra de los grandes parques”.
Y como dice Walter Benjamin, en aquella población estaba el perfil del héroe, verdadero sujeto de la modernidad. Desconocidos rostros cuyas vidas nadie idealiza. La heroína de estos poemas sube al autobús, o llega a su pequeño apartamento después de un día de trabajo, o mientras pasea, rememora su vida atrapada por las imágenes de todos los balcones que encuentra en la calle.
(Lectura poética. Mayo 1995)

Ese otro día
Ese otro día

Yo antes vivía en una vivienda abalconada.
Luego viví en otra vivienda abalconada. Tuve tres.
Tres viviendas. Los taxis no eran demasiado caros.
Girarme para mirar otra calle no resultaba
peculiar. En cada una de las viviendas
tuve un amante y amé como nunca.
Amé tanto que no podía soportar los balcones
a solas, y tuve que recordar balcones, tuve
que crear con balcones, tuve que cambiarme
a otra vivienda sin balcones. Y no deseo
amar a nadie, mi deseo se cansa. Mi deseo
ya no soporta viviendas abalconadas.
Estoy sentada en una silla. Tengo enfrente
la televisión. La miro. No la observo. La miro.

Suspicacia


Una vez concluido el día asegura el rito:
dar la vuelta a la llave de la cerradura
desabrocharse la falda, bostezar
dirigirse al cuarto. Es todo por ahora.
Se ehca en la cama con la blusa puesta
y palpa el otro lugar, huele a cuerpo,
a un extraño amasijo de lejanos aromas
que le inquieta. Un vecino abre el armario
y ella lo escucha, cuchichea con su mujer
algo referente a los hijos.
Pasea los dedos entre las sábanas,
y cuando se imagina el presente,
no el pasado, que también es voluble.
ni el futuro que se puede falsificar.
Cuando se imagina el presente
ve varias casas con ventanas encendidas
en su oscuridad.

Titubear

Después de sentarse sobre el único asiento libre
del autobús. Después de sacar el diario,
de guardar en el bolso el monedero
mira por la ventanilla. O sería mejor
decir que mira a través de la ventana,
o acaso, seria mejor decir que quisiera
que al mirar algo se revelase: una verdad
un acontecimiento, una sensación.
Pero agacha la cabeza. Recuerda la noche anterior,
un sólo asiento vacío en el cine
en primera fila. También miraba hacia la pantalla
buscando ago revelador, una emoción,
un rostro. Inquieta, comprime el diario
y deja los ojos cerrados mientras aprieta
con mucha fuerza los puños.





Incongruencia

Nuevas palabras para viejos contenidos.
Cómo decirlo: no me turba
que una calle sea transversal a otra.
En los pequeños instantes descubrir
que balancearse equivale a nada, y
que una intuición es sólo eso, no proyecta
más que varias verdades. Pasear
para limitar este ansia
levemente transtornada por la falta
de inquietud. De una acera
a otra. El contenido del zigzagueo.



un poema (Concha García)

Salimos del cuarto era un hotel el día caracoleaba te entregaron una fotografía de las antiguas. Soportar la imagen en ambas...