lunes, 6 de marzo de 2017

Poema de Carmen Cuevas




Nubes al alba

Soledad entre las nubes. Arreboles
rojos de fuego vivo, rostros
calientes, pero helados a la vista.
Columna de nubes al albor: encarnadas,
grises, violáceas,
una hoguera removida de paleta
avistada; rojas fresas,
azafranes ardorosos, surgiendo
en irradiación temprana, ardor sereno

más suave que un susurro.







Carmen Cuevas vive en Murcia. Trabaja con otras poetas en "Miradas en los enresijos" Poesía de mujeres del s. XX

martes, 14 de febrero de 2017

Melisa Bendersky (un poema)





 

Melissa Bendersky

Por la rebelión

No te depiles. No te afeites.
Sé una mujer peluda, suave.

No te tiñas el pelo, no tapes tus canas.
No te pases la planchita,  no temas al frizz, no hace nada.
Sé una persona con cabeza.

No escondas tus tetas, no las encorsetes, no las encorpiñes
salvo por prevención a la violencia o el dolor.
Sé mamífera, de tus tetas viene el alimento que perpetuará a la especie.

No uses zapatos con los que no puedas correr el colectivo
o que te lastimen, te cansen, te incomoden.
Sé una mujer descalza antes que engrillada por tu propio calzado.

No te calles. Si a la audiencia no le gusta saberte crítica, divertida, cuestionadora, locuaz, buscá otros interlocutores.
Sé una mujer que piensa. Y no tengas reparos en mostrarlo.

No te maquilles. Distorsionar tus rasgos verdaderos
de acuerdo a pautas fijas de belleza no te hace hermosa.
Un clown también usa maquillaje.
Sé una mujer con cara de mujer.



Melissa Bendersky: Nació en Bariloche, Patagonia argentina, en 1975. Tiene dos hijos. Es periodista, escribe poesía y cuentos cortos. También se tienta con la literatura infantil.

lunes, 30 de enero de 2017

El apego



El apego no es otra cosa que la insuficiencia para sentir la realidad. Nos apegamos a la posesión de una cosa porque creemos que si dejamos de poseerla deja de existir. Ése es el caso de aquella mujer que se detuvo ante una cola con la creencia de que, si pasaba de largo, se perdería el pescado que allí despachaban. Creía que el alimento que ella  y los suyos no comían, no existía. Mucha gente no es capaz de sentir con toda su alma que existe una diferencia absoluta entre la destrucción de una ciudad y su remediable exilio lejos de ella,

Simone Weil. Cuadernos.
Traducción de Carlos Ortega

lunes, 23 de enero de 2017

Sobre poesía




(de una entrevista)

“Yo no dirijo mis poemas a nadie. Mis poemas están pensados para la poesía; es la poesía lo que yo amo, el destino de mi escritura (algo así).  La poesía es el objeto de mis desvelos” . 
La poeta comienza a leer un poema y dice algo así como:  “Ella se ha introducido como una hiedra”, por lo que debo entender que se ha introducido una hiedra en ella. La metáfora de que la poesía se introduce, sin aclarar cómo se introduce la poesía, como si se introdujese el mundo, me hace pensar en que algo falla. El poema termina con una confesión muy personal acerca del placer que le produce el sufrimiento, y la autora del  poema no se separa del yo ni instante, como si escribir poesía, por sí misma, fuese un valor, como si para escribir poesía no hiciese falta otra cosa que decir: poesía, como quién dice Pepe o Beatriz. Solo basta nombrar la palabra mágica: poesía,  para que el poema pierda todo el sentido,  puesto que la poesía debería hallarse en el texto sin nombrarla.
El sujeto es algo tan inasible como la poesía, se evapora y no sabemos de qué se habla porque la poesía no es un referente, no es continente, es contenido. ¿Cómo creerla? (a la poeta) ¿qué argumentos me convencerían para que la creyese? La poesía sin cuerpo. Para ella el cuerpo no existe.  La soledad, el amor, el pensamiento, todo ello sin cuerpo alguno y sin historia, conceptos vagos o totalitarios, sin un reflejo de la clase de donde parte el discurso, ni del deseo que lo sostiene.