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miércoles, 12 de diciembre de 2012

La Cros del Sur



por Guillermo Saccomanno

       “Escribe sobre la mesa de la cocina/en un cuaderno de tapas duras/forrado de rojo. /Anota la fecha sobre el margen izquierdo/ y después cosas como: / Llevar 2 bolsas Cemento Obra Castelar: /Pagué 200$ Varela Adelanto revoque fino/ Vecino anoche estuve a punto de matarlo.”/ Es mi padre. / Escribe pero no hace literatura. /Su estilo remite al registro del caos. / Es mi padre. /Narra sus transacciones con el mundo.”
Así es uno de los momentos hondos de la poesía de Graciela Cros, una poesía preocupada por contar y contarse, que, alterna distintas vertientes. Por un lado, el ámbito de lo doméstico, y entiéndase doméstico no tanto como lo hogareño como el registro de la intimidad, el asumirse testigo de sí misma, auscultando entusiasmos y amarguras: un encuentro amoroso, una imagen del padre, una isquemia.
Es en lo recóndito del ser donde puede surgir un poema desgarrador como “Primera comunión”: una nena, en primera persona, refiere como un tío la abusa en el marco del ritual de  pureza metiéndole la mano bajo la falda de su vestidito blanco. No menos sin anestesia es “Quirófano”, donde se describe el calvario de mujeres que se someterán al bisturí.
En consecuencia, frente al sufrimiento Cros, con ironía, escribe: “Algunas personas/ no producen lágrimas suficientes/ para conservar el ojo húmedo/y confortable”.
Sobreponiéndose al dolor, exorcizándolo, convirtiéndolo en experiencia artística, Cros puede definirse: “Soy una dama menguante”. Y anota también: “una dama con pasado”, “una dama fuera de foco”, “una dama que canta las cuarenta”. Y el ser “dama” adquiere, a través de distintos poemas que funcionan como variaciones, diferentes maneras de verse, pero todas con una constante, ser “dama”, es decir una categoría,  una forma de asumir el género.  
Por  otro lado, en su escritura hay una zona donde se privilegia la fascinación por el nomadismo, contrapartida de lo doméstico entendida como la asunción del horror domiciliario, viajes, itinerarios de búsqueda, exilios temporales donde un encuentro puede provocar un insight.
Los lugares del extravío y el hallazgo pueden ser tanto Paraguay como Chile o Brasil, sitios donde la sensualidad se descubre en lo material.
Estas dos vetas, a un tiempo, devienen una reivindicación fuerte de la poesía, ya no como expresión, oficio, posibilidad de escritura, sino como un absoluto en el cual la poesía se vuelve el tema de la poesía, donde entran las individualidades prestigiosas, trátese de Idea Vilariño o Marianne Moore, y  operan, aunque Cros no lo necesite, como soporte explícito de la propia voz. En este nivel, puesta a citar influencias, la enumeración no es gratuita. Y es desde esta convocatoria que Cros pide ser leída.
      Asumiendo en términos de ideología poética su producción anclada en lo patagónico, Cros titula ahora su último libro “Mansilla” refiriéndose a Raúl Mansilla (1959), poeta nacido en Comodoro Rivadavia y residente en Neuquén, una voz influyente entre los jóvenes del sur, quien manifiesta una tendencia vitalista  a la errabundia y el rechazo radical a la carrera de consagración porteña mientras escribe versos que aluden tanto a lo autobiográfico como a una inquietud por la identidad de lo patagónico como diferencia geopolítica. Cros lo convierte a Mansilla en magíster ludi y referente basal. Sus poemas son  crónica de una espera, la de Cros,  y celebración del viaje, el itinerario de Mansilla.
La poeta se ubica en el espacio de la quietud aguardando un mail que le pueda enviar Mansilla: “Recién comí/dos empanadas de roquefort/y dos de pollo/ que me alegraron/ el cerebro/ cuenta Mansilla en un mail. // Dice que va/a inaugurar una biblioteca/En Las lajas/acompañado de motoqueros/y paracaidistas/cosa de la Patagonia, agrega”//. “Yo me acuerdo de Osvaldo Soriano/ y le digo eso, que parece una escena/ de alguna/ de sus novelas.” Además de Las Lajas, Mansilla anda desde Buta Ranquil a Chos Malal. Por Picún Leufú y Piedra del Águila. Suele parar allí donde lo encuentra la necesidad y, al hacer un alto en la madrugada, encuentra paisanos haciendo un pernil. Su comportamiento es el del vagabundo iconoclasta: “Lo acusan de permitir que la blasfemia/inunde las escuelas.//Los funcionarios no leen poesía/y lo que es peor, al contrario de los poetas, no ignoran su poder, lo ejercen, y a quemarropa. // (…) “Después agrega que está escribiendo/ unos textos en base a expedientes policiales/ y que pronto manda uno”. Conversación a larga distancia que la poesía estrecha, “Mansilla” puede leerse como homenaje pero también como crítica literaria versificada adoptando un prisma: lo dicho, el nomadismo, pero ahora contemplado desde la atmósfera de quien aguarda noticias del exterior, como si ese afuera otorgara, en la aventura a la intemperie, un sentido mayor a la palabra poética.
      La segunda sección del volumen, “Henderson y las oscuras”, alude a la memoria de infancia: una estancia en un campo en Henderson donde, según la mitología personal, reside el origen de su escritura. En esta sección los paisajes son también Cabo Frío o Ilheus. Pero el viaje de la memoria se alterna con la caída y el  reflejo de lo que puede ser una fiesta solitaria pero también un bajón, la crónica impiadosa de la pérdida y la soledad: “Hay una pésima racha en el frente doméstico/ y aquello que hasta ayer funcionaba, / ha dejado de hacerlo”, observa.  “Se me cae la boca y no hago nada, /ni siquiera un gesto de la mano, un enarcar de cejas o arrugar la nariz. // Tropiezo con mis dientes, los pateo/ como canto rodado. //El deseo se ausenta una mañana y después da lo mismo, / hablar, callar, tapar el hueco del silencio, / recordar cómo era la vida cuando era”.
        Nacida en Carlos Casares, Provincia de Buenos Aires, Cros vive en Bariloche desde 1975. Desde entonces se ha apoderado del sur como territorio para su escritura. Una serie importante de libros de poesía (acá se citaron apenas fragmentos de algunos incluidos en “Urca”, “El libro de Newton” y “Libro de Bock”) la paran como una presencia apartada de los fuegos fatuos del centro en función de una coherencia con la periferia y la creación personal de una obra en el margen que está pidiendo la reunión de su poesía completa en un gran volumen. Mientras tanto, Cros sigue en la suya: “Sola/ en casa/mirando el jardín/ escribo/ ¿Para entender?/ ¿Escribo/para/ entender?”

“Mansilla”, Graciela Cros,
 Ediciones en danza, 79 páginas 

martes, 11 de diciembre de 2012

Época



Encontrar el camino a través del laberinto de nuestra propia época sin sucumbir a ella, pero tampoco sin escabullirnos.

(E. Canetti)

lunes, 3 de diciembre de 2012

Infancia en Berlín














La reedición de Infancia en Berlín,  de Walter Benjamin (Berlín 1892- Port Bou, 1940),  es una buena noticia que deja en los anaqueles de las librerías un tesoro entre tanta opacidad.  Que yo sepa,  la primera edición en España la editó Alfaguara en aquella inolvidable colección de tapas azules.  Fue en 1982 y hubo una segunda edición en 1987, luego desapareció tan preciado libro que pude reencontrar en la librería de unos amigos poetas,  y aunque la ley no lo permitiera,  fotocopié todo el libro ante la dificultad de encontrarlo de nuevo.  Traducido por el desaparecido  Klaus Wagner , su traducción difiere en el estilo con la que aquí comento de Jorge Navarro Pérez.
 Walter Benjamin empezó a redactar, en el verano de 1932, una serie de recuerdos del tiempo de su infancia berlinesa que fue publicando en diversos periódicos y revistas y que debido a los apuros económicos (que siempre le acecharon)  a menudo los editaba bajo seudónimo. Él no los vio la forma de libro. Se editó póstumamente: edición que fue llevada a cabo su gran amigo Theodor Adorno, en 1950
Es sus fragmentos de recuerdos es interesante resaltar que Benjamin no se ocupa de reproducir pura y simplemente la distribución de los papeles dentro del círculo familiar patriarcal, sino que la experiencia social del niño será idéntica a la del adulto que las consignará.  El relato referente al parque de “Tiergarten” que abre el libro perfila la senda de una escritura llena de recovecos  y horizontes: “No lograr orientarse en una ciudad aún no es gran cosa. Mas para perderse en una ciudad, al modo de aquel que se pierde en un bosque, hay que ejercitarse”.   Los textos, un total de cuarenta, como mosaicos, son profecías retrospectivas que revelan,  ya en las emociones inconscientes de la infancia,  el punto de vista del historiador materialista con dotes proféticas que llegaría a ser. La posición del niño  plenamente consciente de su privilegio en el ambiente de la burguesía judía de finales de siglo XIX influirá evidentemente en su pensamiento posterior. Así, el Benjamin adulto narra todo tipo de impresiones dentro de una perfecta composición metafórica que desbroza poéticamente todos aquellos elementos que dejaron en su memoria una secuela: el teléfono y la arrogancia con el que su padre atendía sus negocios bursátiles, la preparación de un viaje familiar, las anotaciones sobre las estaciones del año. Por ejemplo en “Una mañana de invierno” anota:  “Cada uno tiene un hada que le concede un deseo, pero solo unos pocos recuerdan cuál era, solo algunos advierten, con retraso, el que ese deseo se haya cumplido”. También deja sus impresiones al despertar del sexo,  los colores, el tiovivo y las bandas de música. Evocar acontecimientos a través de las emociones depositadas en los lugares es cosa de melancólicos, porque el melancólico añora los objetos, en ellos se condensan diferentes escenas de su vida. Benjamin, gran melancólico,  escribe de su propensión a la lejanía, que después desarrollaría en su concepto del “aura”. Despertar el yo infantil y su paso a la conciencia del autor, en aquel niño tan observador,  que sus emociones quedaron grabadas para siempre en pensamientos alegóricos; niño  enfermizo y con propensión a la soledad se imaginaba las horas acercándosele a su lecho.
Nacido en el seno de la alta burguesía judía, los padres se instalaron en el barrio del sudoeste del Tiergarten y fue allí donde el quince de julio nacería el autor bajo el nombre de Walter Benedix Schönflies Benjamin. El padre había adquirido su fortuna como socio de una casa de subastas y perito tasador, más adelante se haría inversor con fines especulativos. Según uno de sus biógrafos, Bernd Witte, en los recuerdos de imágenes contenidos en Infancia, trató de discernir, en la seguridad que experimentaba como miembro de la gran burguesía, los gérmenes de la destrucción a la que debía sucumbir el mundo del siglo XIX en medio de la guerra y la inflación, de tal manera que el recuerdo subjetivo de la infancia se transforma en una imagen histórica materialista. El ritual mundano de las veladas de recepción en la residencia de los padres revelaría la fragilidad de las relaciones familiares.  Si viviese ahora podría vislumbrar con toda claridad el cambio tan nefasto que comenzó a fraguarse en la década de los setenta con la unión política de Tatcher y Reagan y su política neoliberal,  que está derivando en la atrocidad capitalista percibida por el profético Walter Benjamin.

(publicado en Cuadernos del Sur)

miércoles, 28 de noviembre de 2012

¿Poema?










                         Cuando se viene conmigo y las rarezas
                         de las calles nos parecen una inusitada
                         percepción del futuro, cuando se acomoda
                         junto a mí, en el coche, yendo hacia Lyon
                         o  pensando en regresar a Buenos Aires,
                         y me entretienen los pájaros rasantes
                         el mundo hacia adentro forma un agujero
                         brillante, de pequeño diámetro,
                         mi capacidad de pensar en lo inaprensible
                         se distrae con un trago de cerveza.


miércoles, 14 de noviembre de 2012

Agnes Nemes Nagy












Ante el espejo

Con lentitud te quitas el color de la cara,
y aún la misma cara quitártela quisieras;
esperas que el sillón se alce y haga un gesto
aburrido, surgiendo tras de ti.




(gracias a Madeleine N.)


 

sábado, 10 de noviembre de 2012

Paseos barceloneses



Parece que hay edades para la tristeza y una edad para la toma de conciencia de que la tristeza no depende siempre del sujeto que la padece,  sino que nos llega del ambiente, de un aire que sopla sobre nuestras almas desestabilizando la armonía. Las calles del barrio de Gracia están sucias. Las persianas de los comercios pintarrajeadas con feos trazos dibujados por despechados adolescentes. La proliferación de comercios chinos donde puedes encontrar todo tipo de mercancía, casi siempre vacíos, ante la mirada vigilante de quienes los regentan.  También ellos están tristes. Los restaurantes que antes eran alegres puntos de reunión entre los vecinos, ahora son frías salas salpicadas de algunos comensales que no se han visto nunca. Los más de siete mil visitantes al parque Güell diarios suben perezosamente la calle Larrard flanqueada por tiendas abarrotadas de souvenirs, todas son iguales vendiendo lo mismo. La entrada principal del parque que proyectó Gaudí para el disfrute de las clases altas de Barcelona a principios del siglo XX , siempre está abarrotada de gente que nunca se volverá a encontrar,  haciéndose fotografías. Todos sonríen cuando posan. Los quioscos de prensa están desapareciendo porque la crisis está arrasando un estilo de vida que nadie puede detener. La crisis no es más que el nombre que se le ha puesto a este despedazamiento de nuestra sociedad. La imagen de un líder político con el brazo alzado y los dedos posicionados de tal manera que pretende indicar el camino a seguir, entristece todavía más la calle. 


lunes, 5 de noviembre de 2012

La Benson





Salgo decidida a pasar la mañana en la biblioteca Benson de literatura latinoamericana, no tengo ni idea de las dimensiones de la misma y sé que está un poco más arriba del Texas Memorial Estadio Darrell K. Royal,  dentro del recinto universitario, así que atravieso la calle University, giro por la 24 hasta San Jacinto y allí dejo de ver los carteles de las calles y comienzo a caminar convencida de que mi sentido de la orientación me llevará en pocos minutos, pero de repente me veo ante la facultad de geofísica. Llego hasta la de ingeniería donde un joven camina con dos recipientes cilíndricos humeantes, uno en cada mano. Me veo ante un laboratorio de donde cae agua en forma de lluvia sin parar, luego de atravesar más pabellones encuentro el Texas Memorial Museum, allí un joven que habla tan poco español como yo escaso inglés me orienta y salgo en dirección contraria, así que después de una hora y media de caminata un profesor que me ha visto desorientada me ofrece ayuda y saca su ordenador de la cartera indicándome donde estamos exactamente. Llego sudorosa y solo tengo media hora ya que estoy citada para comer. Una funcionaria muy amable me pregunta qué quiero leer y le digo que no sé y que me indique donde está la poesía. Me da un papel color fucsia donde se detallan en clave  las ubicaciones de los libros. Hay miles. El ascensor está ahí atrás, me señala, justo tras el mostrador principal. Salgo por una puerta equivocada y me adentro en un pasillo flanqueado de oficinas decorado con pinturas de Oscar Martínez. “El tejano enamorado” se llama la serie. Oigo una voz que me dice:  -no, por ahí no es-. Retrocedo y  veo a un hombre muy anciano leyendo tras unas gruesas gafas y una gran lupa apuntando el texto, me enternece e impresiona al mismo tiempo. ¿Habrá en el futuro lectores así? Subo hasta la cuarta planta. Los estantes no se acaban nunca. ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde ir? Decido guardar en la memoria el trayecto y regresar al día siguiente. Hondamente impresionada me abate una impotencia lectora. 




martes, 23 de octubre de 2012

Paseando por Austin



La necesidad de saber dónde está. Camina hacia el otro extremo de la ciudad, aunque la ciudad sea radial y no tenga un solo extremo. En su mente ha dibujado una ruta ideal para que se adapte a sus paseos, pero sus paseos carecen de finalidad y esta mañana la ciudad ha amanecido brumosa, oculta entre la niebla;  desde la habitación del hotel soló podía ver los últimos pisos de los edificios más altos, ella estaba en la diecisieteava planta de uno de ellos. Mientras anda se da cuenta de que algo falta, no es una compañía fija, de esas que se fijan en las vidas de una, ni siquiera una ausencia, las ausencias no carecen de presencia. Se puede pasear junto al espectro del pasado y no apercibirse de que la ciudad es lo real. No, lo que faltaba era esa multitud que en otras ciudades multiplica las miradas que no se cruzan en las calles. Faltaba gente. Llevaba más de una hora caminando y solo se había cruzado con automóviles y algún ciclista. Se fue abriendo la niebla y cada vez las calles eran más anchas. El placer de mirar quedaba relegado a la expectación por ver algo. El callejeo no era más que el ejercicio de cruzar avenidas hasta llegar al otro extremo donde todo era exactamente igual. Comenzó a trazar otro dibujo de la ciudad mientras deseaba encontrar un lugar para sentarse tranquilamente. Familiarizada con los callejones, las callejuelas y las avenidas habitables, entre aquellas calles se le abría una nueva mirada  a la que lingüísticamente todavía no le  había rozado palabra alguna.

lunes, 15 de octubre de 2012

Aeropuerto

Me cruzo con varias personas que cambian de terminal al mismo tiempo. Todos caminan deprisa con la cabeza hacia abajo. Debo darme prisa. Me he quedado desconectada. Estoy muy lejos pero no lo siento. Sentir es no pensar.

lunes, 1 de octubre de 2012

Diálogos con otros autores




La poesía llega al lenguaje y este traduce la psique de una manera más o menos ordenada, el texto es retórica. Como dice Harold Bloom, un texto poético es autosuficiente, remite a otros textos, a otros momentos de vida del autor. Poesía y experiencia suelen ir de la mano, pero si la experiencia que nos devuelve el poeta no apresa algo de quien la lee, deja de interesarnos pronto. El escritor no sabe si la obra está hecha. Recomienza o destruye en un libro lo que recomenzó en otro, escribió Maurice Blanchot, y es cierto. La poesía está profundamente relacionada con una armonía universal no sujeta a cánones sino a la percepción y a la toma de conciencia. En el poema no puede haber mirada estética, sino emoción. La estética es para la mirada, para el objeto y el paisaje, para el cuerpo y la arquitectura, para el trazado de las ciudades y la inmensa finitud de los mares. La poesía no se ve, se siente, se sabe.
Pessoa  como su propio apellido dice, es máscara,  y esta daba paso a las ficciones. Dudó siempre de la realidad de ese mundo, por eso me parece tan revelador para mi obra el tránsito entre la irrealidad de la vida cotidiana y la realidad de sus ficciones. Fractalidad del sujeto:  este se rompe y provoca la aparición de individuos distintos que abordan la realidad desde perspectivas conceptuales y estilísticas distintas, yo aplicaría esa estética a mi poesía durante un tiempo.
Sustentar la contradicción como principio motor de la existencia.
Tomo sensaciones de otros para abrir paso a la conciencia y encontrar con quienes hermanarme. Me asombro de las calles que dividen las ciudades seccionándolas en barrios, llego hasta los suburbios, en ellos contemplo las ventanas encendidas y veo familias (esta impresión estética la registré en mi novela Miamor.doc). Me fascina imaginarlos en sus quehaceres cotidianos. Yo estoy fuera. La mirada es lo único que poseo, la mirada y la idea. Me alejo del aglutinado de edificios en un transporte público mientras busco un hotel. Transitoriedad, nostalgia, lejanía.
El poeta ultrapasa las fronteras de la lengua y cultura para hablar de arquetipos mostrando ritualísticamente situaciones psicológicas universales y arcaicas con las cuales nos identificamos. El mismo poeta pessoano, que no se movió de Lisboa los últimos 30 años de su vida, fue emigrante, ya que debido al segundo matrimonio de su madre tuvo que trasladarse a Durvan, al sur de África cuando tenía 8 años, en 1896. Curiosamente trabajará como CORRESPONDENTE ESTRANGEIRO, redactor ambulante de cartas comerciales en francés e inglés.  Resonancias curiosas que encuentro años después en los subrayados de los libros que leí de Pessoa. Por ejemplo cuando le escribe a su novia Ofelia en la carta de ruptura de la relación (1920) que su destino pertenece a OTRA LEY (título de mi segundo poemario) , cuya existencia no sospecha usted siquiera. La poesía es pensamiento y sentimiento, no está separada de la realidad. Emigrantes fueron también Paul Celan y Elisabeth Bishop, huellas de su poesía en el molde de las traducciones. La disposición entrecortada de los textos de Celan, así como los cortes abruptos me impresionaron tanto como los poetas simbolistas o las experiencias tipográficas del dadaísmo. La música de las traducciones rompe la de la poesía tradicional española, es otra, los versos secos, sin apenas metáfora, como si estuviesen labrados por un cincel cuya forma es el dolor, sin adornos, nada, palabra seca y desnuda, extrañamente llegaba a mi. 

lunes, 10 de septiembre de 2012

Pozos



Caminamos por la dehesa cordobesa. Un lugareño que cuida una gran extensión de encinares nos cuenta que hace años las mujeres se suicidaban tirándose al pozo, aunque también había algunos hombres que lo hacían. Lo frecuente, en ellos, era ahorcarse. Las situaciones límite, desesperadas, desagradables , solo tienen una senda para algunas personas, la que conduce al suicidio. Una mañana, el hermano de una cuñada suya no contestaba a las llamadas, después de abrir la casa vieron al perro ladrando y dando vueltas . Pensaron lo peor. Se acercaron al pozo y vieron los zapatos sobre la silla. El lugareño nos dijo que era también frecuente que quien se suicidaba se quitara los zapatos.




jueves, 30 de agosto de 2012

Poema de Bachmann




Quien en la Posibilidad moraba,
más hermosa morada que la Prosa,
con ventanas más numerosas
y superior en puertas-


(este poema de Emily Dickinson le gustaba mucho a Paul Celan)

lunes, 13 de agosto de 2012

Vivir

Parece pues, que en el fondo, el sentimiento de soledad es un fenómeno reflexivo que solo nos afecta cuando refleja sobre nosotros lugares desconocidos donde hemos estado con alguien que hemos amado. Esos lugares se vacían en el presente,  cuando ayer estaban llenos de aquella compañía. Al quedar vacío el presente, sin ese lugar, pensamos en aquellas personas que también podrían haberlo ocupado, y sin embargo, tampoco lo hicieron. La desolación es absoluta.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Paseos



Me acabo de cruzar con ellos. Ella le reñía inquiriéndole para que tomasen otra ruta. Ambos tenían anillado en el brazo izquierdo un cuentakilómetros. La dimensión del mismo ocupaba la quinta parte del brazo, ajustados al mismo por una estrecha faja negra. Vi como se alejaban moviendo torpemente las caderas y dejando en esos movimientos unos tristes culos demasiado anchos. Subo hasta la panadería por la Calle Mayor, una madre muy delgada, deja caer su melena hasta los hombros y da la mano a su pequeño hijo vestido con una camiseta que reivindica la independencia. Sostiene su pequeño cuerpo una bandera que acentúa aún más la obsesión que le transmite su progenitora, que a la vez forma parte de un conjunto más extenso que baja por toda la red de calles hasta recabar en la Plaza. La música que el ayuntamiento deja sonar para que se oiga en toda la pequeña población repite machaconamente un estribillo que alecciona a “sentirse en casa” y ese sentimiento parece excluir a los “otros”. Extrañamientos entre la marea de símbolos que aparecen unidos. Las pequeñas violencias cotidianas ofrecen un argumento para volver a sospechar del extranjero, el que viene de países más pobres.  La pareja que se ha quitado ya el voluminoso cuentakilómetros está sentada frente a una mesa donde el camarero acaba de dejar dos jarras de cerveza. No han corrido demasiado. La gente se aglutina. Me inquieta. A modo de cerco mágico recuerdo que no soy de allí. 

lunes, 23 de julio de 2012

Anahí Lazzaroni (dos poemas)



 La ciudad (fotografía)

Ángeles mutilados se ocultan
en la ciudad que fue destruida
y poblada

por fugitivos sin rostro
que llegan una y otra vez.

El océano sin acantilados
justifica la melancolía.

Lo que no permanece está aquí:

en las calles de polvo,
en las calles de nadie.

Quienes permanecen, llegan o parten
son la misma persona, desean lo mismo:

suave dinero,
la fuga,
y un lugar helado que no es

ningún lugar.


Del otro lado

La mujer que encontraron muerta en la playa era joven.
El martes y el miércoles cayeron meteoritos detrás del glaciar,
los pobladores dijeron que llevaba una cola de fuego azul.
Del otro lado de la ciudad hubo grandes estruendos.
Un pájaro castaño cruzó un cielo de nubes oscuras.
Por esta calle no anda ni un alma. Y eso que es viernes.







Del libro: El viento sopla (El Suri Porfiado, Argentina 2011)


Anahí Lazzaroni reside en Usuahia (Tierra del Fuego, Patagonia argentina) . Su poesía se muestra a través de un velo de impresiones donde el dolor de existir se vuelca en la tierra que habita y en la conciencia de deterioro que se produce poco a poco en su ciudad,  aplastada por oleadas  turísticas. En Ushuaia fueron aniquilados los pueblos originarios : los Ona, Yámanas y los Selk'nam. Ahora es un centro turístico cuya hermosura arrebata. El espíritu de ellos continúa habitando la Tierra del Fuego. Tanto las poetas Niní Bernardello como Anahí Lazzaroni llevan su canto para que se expanda.


jueves, 12 de julio de 2012

Lo real




Ahora que estamos literalmente intervenidos pienso en lo que eso significa. No puedo creer que todo lo que nos alcanza sea posible.  Conjeturar posibilidades. Esto es posible, esto no;  esto es imposible, aquello puede suceder. Lo que está sucediendo no se nota en la calle casi nada. He bajado la calle Escorial hasta Plaza Joanic y,  como siempre,  en unos diez minutos han pasado más de once autobuses turísticos de dos plantas atiborrados de personas haciendo fotografías . Como si nada sucediese. Unos captan escenas para almacenarlas en su ordenador y probablemente nunca más serán ni miradas ni evocadas, otros bajamos la calle sin decir nada. Observo que la tienda de electrodomésticos ha cerrado y la de lencería de mujeres  está liquidando sus existencias. Paso frente a  fruterías regentadas por chinos o pakistaníes, no confío en esos precios  ¿qué nos venden?  Los dos restaurantes frente al hospital casi vacíos, otra familia china regenta el bar de tapas de toda la vida. Cambios y silencio. Lo posible solo se alcanza a comprender cuándo  ha pasado el tiempo e  instaurado su paisaje,  entonces queda un malestar porque te sientes robada . Robo de lo más íntimo en aras a la construcción de una sociedad que fotografía sin saber qué mira. Sí, estamos intervenidos hace ya bastante tiempo. Lo sabemos, aunque quizás se necesite todavía más tiempo para comenzar a saberlo. ¿Sabemos que sabemos?  Alguien dicta sus leyes y os deja sin trabajo, sin vivienda, sin pagas, sin derecho a sanidad, sin nada. Los autobuses anuncian viajes baratos al norte de Europa, unos 49 euros el vuelo. ¿A quién se dirigen esos anuncios? Otra cosa posible, demasiadas realidades “imposibles” mientras lo real marca una grieta muy profunda. En un intenso libro de Nadiezhda  Mandelstam editado hace años en España (1984) cuando era posible creer en la utopía (Contra toda esperanza) ,la compañera del poeta ruso  dejó escrito,  relatando un interrogatorio en la cárcel,  que “en el aullido el hombre deja su huella en la tierra y comunica a los demás cómo ha vivido y muerto. Con su aullido defiende su derecho a vivir, envía un mensaje a los que están fuera, exige defensa y ayuda. Si no queda otro recurso, hay que aullar. El silencio es un verdadero crimen contra el género humano”.

miércoles, 4 de julio de 2012

Selva Casal, la poesía






P ¿Cuándo empezaste a escribir?

R Yo creo que no empecé a escribir. Yo estuve siempre en la escritura,  pero primero fue como un sueño y como era tan raro el sueño, decía que había soñado de esta manera me parecía que nadie podía recriminarme nada y cuando supe escribir,  escribí.

P ¿A qué necesidad responde la escritura?
R La única necesidad que nos va quedando, que paradójicamente se evade en el sueño,  que es la realidad, irrumpe en el alma y en el fondo no hay contradicción. Vivimos nuestra propia paradoja, no es una línea recta la vida, ni mucho menos.

P Háblanos de las causas que te impulsaron a escribir.
R El solo hecho de existir. Causas serían limitativo, sería ponerlo  a algo que no tiene ni principio ni fin.

P ¿Crees que la poesía va a la infancia?
R La infancia sustenta la poesía, allí es permitida la locura en el buen sentido de la palabra;  la  locura para nuestro íntimo equilibrio. Tomada así, la infancia es la propulsora, pero luego, en  el transcurso de vivir,  se va enriqueciendo por los estados de conciencia, por las situaciones límites que alcanzan a todos los seres por no saber si lo que se hace tiene algún sentido. Hay un tiempo perdido en el aprendizaje,  cuando llegamos a saber,  ya ese mundo se vuelve ceniza y no tenemos tiempo y la falta de tiempo interior también es una limitación pero a la vez afina el sentido de la realidad,  y escribir con mayor sosiego y serenidad.
Me habría vuelto loca si no hubiese escrito, porque la poesía, en mi caso,  fue una forma de relación.
Fui muy feliz de niña, pero el hecho de estar en la vida, aunque relacionarse con otros seres es difícil aunque parece fácil. Conté con la comprensión de mi padre que vivía y estaba en la poesía como si fuera una religión; y la fe de mi madre, tan profunda, que daba seguridad a los seres que tenía cerca de ella. Con el problema que todos tenemos por la posible supervivencia del alma después de la muerte, yo le pregunté si ella creía que después de la muerte si nos íbamos a volver a ver, -estoy tan segura como estoy mirándote, me dijo-
Eso da fuerzas, reconforta, aunque fuera todo un sueño o una gran mentira, eso da fuerzas.
Tuve un hogar muy claro. Las relaciones con mis hermanos fueron positivas. El mayor me leía siempre temas de filosofía y a mí me encantaba, dio un tono especial a mis lecturas, a mi quehacer. Hoy miro hacia atrás y me parece todo un sueño.
Cada libro es un eslabón de algo que no sabemos bien qué es, así, la poesía es como la extraña desnudez, porque va al origen de las cosas, busca el rostro verdadero de la vida desde el punto de vista subjetivo. También es cierto que vivimos en un mundo demencial, en un mundo que nos atropella, y en el cual nos debatimos; y entonces no podemos ser indiferentes, sabemos que los adelantos tecnológicos han traído muchas ventajas y ha simplificado muchos aspectos, por otro lado el afán de descubrir y sacar mayor beneficio de las cosas  nos lleva al borde de la desaparición.
Decía que nuestro temor es desaparecer por completo, porque por un camino tecnológico se puede llegar a la catástrofe universal,  más allá de las catástrofes naturales: terremotos,  volcanes. El hombre puede hacer más daño,  y entonces nos preguntamos:  ¿adónde vamos?  ¿adónde va  la poesía?
La poesía no va hacia ningún lado, la poesía es, tiene finalidad en sí misma.

P ¿También está la poesía en las pequeñas cosas cotidianas?
 R Pienso que sí, que si no hubiera palabras,  también existiría la poesía, porque nos valemos de palabras pero después hay que tirarlas para que nos dejen penetrar en la esencia de las cosas yo siento mucho la poesía de lo cotidiano, siento que cada día es el primero de la creación,  levantarse y poder mirar,  respirar,  es un privilegio que no siempre valoramos  tomando el café con leche,  me parece muy importante.



Fragmento de entrevista realizada en casa de la poeta uruguaya Selva Casal en Abril de 2011 en su casa de Solymar (Uruguay) a cargo de  Concha García y Silvia Guerra.

lunes, 2 de julio de 2012

Incendios




Agasajando el cuerpo con la durmiente tarea de olvidarlo casi todo me dejo caer entre las sábanas mientras arde parte de una región de este país. Las secuencias que me llegan tratando de acomodarme al silencio interior son de una luminosidad destructora. Un feo hombre que da órdenes sin saber cómo coordinar tanta desgracia se fuma un cigarrillo mirando por el ventanal de su bien amueblada oficina. Ayer cenó parrilla de mariscos y sangría. Baja la mano para buscar algo en el cajón, unos papeles que le comprometen. Más allá unas familias salen corriendo mientras giran la cabeza como la mujer de Lot temiendo que todo lo que tienen quede arrasado por las llamas. La naturaleza se ceba de nuevo donde la sal cayó hace tiempo, la que vertieron “ellos”. Comienzo a sentir una profunda tristeza por los pinos que no volverán a crecer, ni las orugas que se arrastraban sobre sus rasposos troncos. Miro de cerca las mariposas que ayer volaban y ya no están. Siento la brisa de un intenso volar de pájaros a lo lejos. Los hombres que custodian la ciudad se precipitan para apagar las llamas pero el incendio camina hacia nuestros corazones.  Un soplo de todos nosotros bastaría para alejarlos, para que las llamas se inclinasen del otro lado y ardiesen del revés.

martes, 26 de junio de 2012

Poesía



Una poesía sin sujeto, con las palabras deslizándose,  que me toquen, como si fuesen mías. Una poesía sin el peso de la historia del poeta que la escribe.

miércoles, 20 de junio de 2012

Escenas barcelonesas


Oye sin escuchar. Se sitúa tras la pequeña barra que cada tarde convierte en un púlpito,  sin dejar de mirar la hoja de papel donde anota los asientos contables correspondientes a la consumición de cada parroquiano. Ayer hablaba del fin del mundo, y sentenciaba el final de varias relaciones amorosas en 2012 porque Júpiter iba a poner el ojo en todo lo que se puede destruir para provocar la desaparición de lo estable. El otro día vaticinaba sobre la caducidad del amor y se reía de quienes andaban emparejados. Sin dejar de contar las monedas , miraba de soslayo a quienes entraban al local con aspecto apesadumbrado. Habla del amor sin  conocer ese sentimiento y la carencia le ha dibujado un rictus de bebé insatisfecho, como si la madre le hubiese retirado el pezón de golpe y ahora, décadas después, conserva el signo de ausencia en una boca amarga de donde las sentencias se caen en cascada formando un montículo de desagradables emociones alrededor de sí mismos. Estos nuevos agoreros del mal agüero confunden  codicia y deseo;   lealtad con fidelidad;  monedas por amor;  tiempo por rígidos instantes de vacío;  el futuro con el presente;  la amistad en intercambio;  la conversación en monólogo;  y las relaciones,  con un impenetrable solipsismo.


jueves, 14 de junio de 2012

sábado, 9 de junio de 2012

Ellos/nosotros





El agua desconoce el caudal que la arrastra
Las hojas no saben que titilan cuando el viento las mueve
La mariposa no busca a tientas
Donde apoyarse

Joaquín G. Gianuzzi







Inmigrantes, 1910

Gruñen feroces los italianos
Dino Campana desembarca entre ellos,
Puerto de Buenos Aires 1910. Comienza
La siniestra aventura de una esperanza.
Una fotografía los agrupa después en lo desconocido.
Cinco varones secos, marrones enjutos
Contra la ciega brutalidad de América
Y la fatiga de un martillo infinito.
Allí están todavía
Esperando a sus pies
La rosa blanca de la bienvenida
Como si nunca hubieran concluido el viaje.
En el centro de la escena
Alguien pulsa una mandolina en su regazo
Eternamente apunto de soltar un acorde
Que dignifique la humillación de la gran mudanza
Y la demanda a una respuesta
En esos ojos que miran
Ávidamente dispuestos a todo.



Joaquín O. Gianuzzi.  Buenos  Aires 1924, Salta 2004)
Obra reunida . Edición de Sibila- Fundación BBVA

martes, 5 de junio de 2012

Karma




La culpa como karma –inefable arrogancia del ser humano-: las infamias de su alma son castigadas  en los animales que va habitando.
¿Cómo se atreve a castigar con su alma a los animales? ¿Acaso éstos la invitaron?¿Puede gustarles verse degradados por ella? No quieren al alma humana, la aborrecen, les resulta demasiado hinchada y fea. Prefieren su agraciada pobreza y también prefieren ser devorados por su semejantes mucho más que por seres humanos.

E. Canetti

lunes, 4 de junio de 2012

Apuntes

Me pregunto si entre aquellos que construyeron su holgada, segura y rectilínea vida académica sobre un escritor que vivió inmerso en la miseria y la desesperación, habrá uno solo que se avergüence.



Elías Canetti

jueves, 31 de mayo de 2012

Poema


Reiterando el olvido

Mujer sola muy sola, dimitiendo en el mar.
Me estuve diciendo que no, que muy
lejos arbitraria y cumplidora con los paseos,
mejor nadar a perder la quilla, o que se
resquebraje por muy húmeda, meter la mano
en el peso de la partida y muy lejana
mirando el agua moverse muy sola.


(de Desdén)

Tropezar





No es posible, eso no existe.  Las palabras me enredan con las ideas que proyectan y digo con el pensamiento lo que no se puede decir porque no es pensable.
He ido a buscar un antiguo amor y he tropezado con los conceptos. ¿Antiguo? ¿Amor?

martes, 8 de mayo de 2012

del diario


La mujer ha reído hasta aplanarse. Abría la boca muy grande. Yo no podía verla desde la ventana. Sólo oía su carcajada. Eran varias personas, de repente ha sonado la sirena de una ambulancia y todos han callado. Yo me he retirado hacia adentro y me he entristecido. He revuelto entre la ropa para buscar un cigarrillo. Los escondo para no verlos, eso no significa que no estén. Ni siquiera significa que no tenga deseo de ellos de tanto en tanto. La mayoría de las veces miro sin comprender que lo que observo ya no lo veré nunca más. La mujer ha continuado con una risa estruendosa, sin alegría, más bien parecía un alarido, una soledad aullante y ahuyentadora.

La mujer ha dado un golpe a la ventana, mientras se abrían varias perspectivas en el intento de querer ordenar el tiempo.



lunes, 30 de abril de 2012

Im-presión





“En 1557, se constituyó legalmente la Stationers´Company de Londres, para fiscalizar los derechos de los autores e impresores y editores, y para el siglo XVIII estaban tomando forma por toda Europa occidental las modernas leyes de la propiedad literaria. La tipografía había convertido a la palabra en una mercancía. El antiguo mundo oral comunitario se había dividido en feudos francos reclamados por particulares. La tendencia de la conciencia humana hacia un mayor individualismo había sido muy estimulada por la impresión. Por supuesto, las palabras no eran del todo una propiedad privada. Hasta cierto punto seguían siendo compartidas. Los libros impresos hacían eco unos de otros, de buen o mal grado. Al ponerse en marcha la era electrónica, Joyce enfrentó plenamente las angustias de la influencia, y en Ulises y Finnegans´Wake emprendió premeditadamente la tarea de hacer eco de todo.
Al sacar las palabras del mundo del sonido –donde primero tuvieron origen en el intercambio humano activo- y relegarlas definitivamente a la superficie visual, y al explotar de otros modos el espacio visual para el manejo del conocimiento, la impresión alentó a los seres humanos a pensar cada vez más en sus propios recursos internos (conscientes e inconscientes) como cosas, impersonales y religiosamente neutras. La impresión ayudó a la mente a sentir que sus posesiones se guardaban en alguna especie de espacio mental inerte”.

Oralidad y Escritura, Walter J. Ong



martes, 24 de abril de 2012

Escenas barcelonesas





“Paseemos cerca del mar”, le digo a M.  esta tarde, “disfrutemos del azul intenso y de las nubes chocantes”. Llegamos en coche hasta la zona de restaurantes de la Avenida Icaria y vemos que no podemos aparcar si no dejamos unas monedas en el tragadero que pone el ayuntamiento señalizando la zona en color azul. Si quieres pasear debes pagar. Han alargado la zona hasta los confines. Continuamos avanzando buscando un hueco libre de pago, por suerte hay un partido entre dos equipos rivales y la gente ha dejado algunos huecos, así que cerca del Paseo de Pueblo Nuevo dejamos el coche. Estamos cerca del cementerio. Del viejo barrio apenas quedan cuatro paredes tapiadas de las que todavía se lee que hacían “bocatas” hace unos años. Nos adentramos en una cervecería vacía y consumimos un par de cervezas a precio de oro. Mientras tanto, comienza a llover. Es un placer pasear por el barrio casi vacío. Advertimos  que han vuelto a cambiar los antiguos chiringuitos y en su lugar hay dos uniformados locales exactamente iguales a unos metros regulados de distancia, según la normativa. El césped de los alrededores está tan verde y recortado que parece irreal. La normativa dice que aquí debe estar el banco donde sentarse y allí la escultura que forma una vieja popa oxidada, tan bien colocada que hace daño. A lo lejos los hoteles muy caros. Durante el paseo me he sentido atropellada por una horda de patinadores rubios que gritaban felices. Un poco más de caminata y decenas de ciclistas se cruzaban con nosotras a menos de cuarenta centímetros, sin duda su habilidad me ha causado cierto estupor.  Han desaparecido los ciudadanos para dar paso a los turistas. Ya no hay hombres maduros mirando furtivamente los cuerpos de jóvenes, ni viejas prostitutas solitarias ensimismadas en sus pensamientos, tampoco nos hemos cruzado con quienes residen en el barrio. Ni olor a pescado frito, ni familias modestas buscando donde sentarse para tomar un vino sin pagar un precio por estar frente a su mar. Esta es la ciudad, este es el territorio. Una mujer, calles adentro, hurgaba en la basura del supermercado masticando alimentos encontrados en los cubos abandonados. La ciudad adquiere un perfil siniestro. Evoco la lejanía y recitamos un verso de Alejandra Pizarnik: Cómo decir en palabras de este mundo que partió de  mí un barco llevándome.

martes, 17 de abril de 2012

La Patagonia


Como me comentaba el poeta y editor Raúl Orlando Artola, en el campo de los artistas e intelectuales siempre se ha tenido conciencia de la barbarie que el poder y los grandes empresarios –extranjeros y nacionales- con la complicidad de la iglesia católica, sometieron primero a los habitantes de estas tierras originarias, luego a los obreros rurales, y finalmente a los militantes populares presos en Rawson y masacrados en Trelew en 1972. [1]  El desaparecido poeta Joaquín Guianuzzi vaticinó que los poetas de la Patagonia,  sin ser conscientes del todo,  acabarían  revelando el drama de esa tierra, de la época y del territorio. Ellos están encontrando la expresión que deriva en belleza,  pero también en denuncia, en malestar, en irritación muchas veces.  La poesía como elemento de denuncia tiene más sentido que nunca.
(fragmento)


[1] - Dos películas fundamentales para conocer estos acontecimientos son:  La Patagonia  rebelde,  basada en la obra de  de Osvaldo Bayer  y dirigida por Héctor Olivera (1974), y  Trelew de Mariana Arruti (2003).

lunes, 16 de abril de 2012

Escenas barcelonesas

Hoy ha caído el valor de las tasas de los bonos españoles.  De nuevo tantas veces la misma noticia con grados de intensidad variable –y siempre hacia la catástrofe- . He paseado por el barrio. Primero he ido a la peluquería  y nada hemos comentado (el peluquero y yo)  de dicha caída; después me he acercado a la droguería para proveerme de algunas cosas que me hacían falta;  el joven que me atendió expresaba, con su impaciencia, que pasase la media hora lo antes posible para irse de allí.  Después he tomado una cerveza biológica en la plaza Rovira i Virgili,  es uno de mis bares favoritos. Sentada tras la barra mientras hojeaba la reciente reedición de “Infancia en Berlín hacia el mil novecientos” de Walter Benjamin, la memoria, entre trago y trago me ha llevado  a la biblioteca en el apartamento montevideano de Enrique Fierro e Ida Vitale: el pasado año estaba yo hurgando entre sus libros y allí encontré la antigua edición publicada en Alfaguara del mismo relato. ¿Me importaba la deuda mientras  leía el primer párrafo? No. “No lograr orientarse en una ciudad aún no es gran cosa. Mas para perderse en una ciudad, al modo de aquel que se pierde en un bosque, hay que ejercitarse”. Más tarde he subido caminando hasta mi casa mientras decenas de coches circulaban a velocidades de pasmo. Algunos arbolillos no carecían de flores blancas o lilas: no he sabido identificarlos, así, clavados literalmente en la acera y delgados como los enjutos brazos del Quijote. Un algarabía de jóvenes turistas bajaba feliz después de su visita al Parque Güell exclamando en inglés no sé qué cosas. La deuda se envanece cada vez más. Es una deuda fantasma, que no toca a los ciudadanos porque no se sienten aludidos. Pero los va deteriorando y se nos come. La deuda es un gas que nos afecta a todos y sin embargo no lo sentimos  al respirar ( a veces,  al inspirar);   sencillamente se nos cae encima y emana de los cielos mediáticos contagiando todo cuanto toca. ¿Podrá, este acoso constante acerca de una caída imaginaria,  hacer real lo que se propone? 




martes, 10 de abril de 2012

Teoría de la boca

Hasta hace un tiempo,  siempre había pensado que la boca de alguien formaba parte de su rostro sin que en ella se pudiera advertir cualidad alguna relacionada con el interior del sujeto. Bocas anchas, estrechas, largas o pequeñas eran parte de una compleja mezcolanza de genética y por ello la boca nunca se me había manifestado  como una alegoría del espejo del alma, solo era  un complemento sensual del rostro del sujeto, o todo lo contrario.Pero llevo tiempo observando bocas de diversos estilos, unas me producen agrado,  y las que me dejan indiferente no las recuerdo;  algunas forman parte de una especie de molde que se repite en otras bocas y forman una hilera de resonantes cavidades con un rasgo común que observo últimamente en sucintas apariciones en televisión,  o en algunas fotografías de personajes públicos fijadas en la página del diario.  Suelen ser pequeñas, se ovalan asimétricamente al enunciar en voz alta opiniones o discursos ,  parecen poco elásticas y carecen de aura. Pueden, esas bocas, estar dotadas de gruesos labios o de imperceptibles láminas labiales. Todas acaban formando un gesto chirriante que deja en el rostro una irascible mueca que me desagrada profundamente. Hay bocas que han dado la mejor poesía. Otras que en esa mezcla de terror y placer en que se deleitan,  me recuerdan que “el corazón humano abarca más que el lenguaje”.




sábado, 7 de abril de 2012

Alejandra Pizarnik (un sueño)






Me levanto sudando. He soñado otra vez  con papá y mamá. Yo les pido que me dejen sitio entre ellos, sobre la cama, pero no me ven, o no me oyen. Grito. Lloro después. Ellos se abrazan y me ignoran. Preparo un café cargado y me meto bajo la ducha, necesito agua fría. Me llevaban al colegio tomada de la mano, luego me alzaban en brazos y me hacían carantoñas, cosas que no decían nada y se quedaban en la expresión brrr, brrr. No sé si podré soportar la existencia. Qué fría está el agua. Hoy he escrito un poema después de que Marta se fuese. Te deseas otra. La otra que eres se desea otra. He adelgazado. Ahora puedo pasear de arriba abajo con la ventana abierta. Hace calor. Quiero capturar y mostrar lo que está fuera de la escena, pero existe en mí una sospecha de que lo esencial es indecible, por eso escucho el sonido letal de las palabras que anuncian muerte. Para ella he escrito: en esta noche en este mundo las palabras del sueño de la infancia de la muerte.
Mi madre me llama malhumorada porque he estropeado el vestido de gasa y me he puesto los pantalones de mi padre, no quiere que la gente me vea –según ella- tan desaliñada. Me he cortado el pelo como si fuese un muchacho. Ayer en el colegio fumé un cigarrillo sin que nadie me viese, luego llegué tarde a clase y me tuve que colar por la ventana. Les hago reír. Mi madre levanta la mano amenazadora y corro, corro por la avenida en busca de mi amor.
Marta ha llegado pero dice que se irá pronto, que tiene que irse porque su trabajo así se lo exige. Yo pataleo. Sufro. Soy varias pataleando. Todo son repeticiones de experiencias. Pinto mi habitación de negro y la cubro con fotos de revistas y dibujos, en una de las fotos Evita saluda a un grupo de personas, está radiante. Hago un tachón sobre su rostro y me refugio NON, RIEN DE RIEN, NON JE NE RÉGRÉTE RIEN.
Me mareo. Ayer tomé demasiado alcohol, luego aquella conversación tan lamentable y el portazo, pero antes tuve que arañarle y ella me apretó demasiado el brazo derecho. Me duele. Saldrá un pequeño morado. ¿De donde viene esa conspiración de invisibilidad? Ninguna palabra es visible. ¿Y mi madre? ¡Quiero que te parezcas a tu hermana en todo! ¿Por qué no eres como ella? Mamá, mamá. Lloro. Mi persona está herida, mi primera persona del singular. Brrr, brrr. Los años pasan, voy a llegar tarde.
Octubre. Cuando tenía veinte años yo dije: Alejandra Alejandra debajo estoy yo Alejandra. La noche caía, y mis dibujos esparcidos por el suelo de la habitación. Yo y mi desarraigo. ¿Papá? ¿mamá? Qué tristes ojos azules, papá. Te quiero y escribo contra el miedo, contra el viento con garras que se aloja en mi respiración. Mi angustia... anoche dormí demasiado, se bambolea la persiana y la habitación sufre de dos tonos de luz. Cuando ella me abrazaba sentía como si me exprimiese el alma y yo era  una explanada de tiempo sin final, pero la noche de nuevo, la noche, la magistral sapiencia de lo oscuro, el cálido roce de la muerte. Yo te escribo, mi amor, este día de octubre, cuando me siento tan despojada del lenguaje que ni las palabras me sirven, cuando te elevas como una sombra erguida sobre mi recinto amurallado de recuerdos, cuando te toco imaginariamente y del crepúsculo caen los chorros de coñac que nos bebimos jugando a ver quien amaba más. Quiero que regreses. Brrr, brrr. Los deterioros de las palabras deshabitando el palacio del lenguaje, el conocimiento entre las piernas ¿qué hiciste del don del sexo? Yo hago palabras con tu despedida y me muero de no verte. ¿Qué hago con mi sexo, materia de la palabra no dicha? Mi amor, introduce un lenguaje nuevo en mí que no choque precipitándose con el de la infancia, quiero creer que has venido para repararme y exorcizarme. Más que el lenguaje, tu lengua, más que la casa de palabras que se desmorona, un día entero contigo. ¿Dónde estás? Mamá, mamá, ¿dónde está ella? ¿por qué me habéis dejado las dos? ¿No hay un alma viva en esta ciudad? porque ustedes están muertos  ¿y qué espera puede convertirse en esperanza si están todos muertos? Sudo, creo que tengo fiebre. No sé, quizás he tomado demasiadas pastillas. A ver... una, dos, tres, mi amor ¿cuándo dejaremos de huir? Cuatro, cinco, veintidós, treinta y seis, como los años que tengo. No puedo más de no poder más, palabras embozadas, todo se desliza. Mi edad, esa rara abolladura de tiempo. Cuarenta y tres... Todos mis poemas a cambio de que llames a la puerta y que aparezcas. ¿Me abres la puerta mamá? Por favor, abre. Cincuenta. oh ayúdame a escribir el poema más prescindible, el que no sirva ni para ser inservible, ayúdame a escribir palabras en esta noche, en este mundo.


(2003)




lunes, 2 de abril de 2012

Mirada animal


De las fotografías sobresalen algunas de mayor tamaño. Las dejo a un lado. Me recreo en una de pequeño formato. Debo tener unos siete años. Estoy enfadada y no miro a la cámara. Llevo puesta una falta plisada muy corta y un jersey de lana con unos rombos que tricotaron las manos de mi madre. Se mezclan diversas sensaciones que desembocan en interrogarme acerca del tiempo que empleó mi madre en hacer el pequeño jersey; en la catedral de Barcelona que se ve a lo lejos; en las dos trenzas de mi cabello negro. ¿Qué sabe esa niña?
La confronto conmigo. ¿Qué sé yo ahora? El saber se diluye en una pregunta que no deja de ser poco esperanzadora: ¿qué será de mí?
Conciencia, espíritu, alma, lo que llamamos interioridad,  todo eso está junto, unido por las cuerdas que ataban los antiguos paquetes. No hay movimiento de dedos si no existe el impulso. No me dirijo al supermercado sino lo he decidido antes. No me mueve el amor si no lo siento.   El poema aclara mucho más que la filosofía y avanza en una dirección que se conjuga en un aquí y ahora (Barthes) de fugas constantes. Ese tiempo no es lineal, es centrípeto. Y a veces llega la respuesta sin haber formulado la pregunta . Para ello acudir a Rilke es recomendable. 

Elegía VIII (fragmentos)

Lo que hay fuera lo sabemos por el semblante
del animal solamente, porque al temprano niño
ya le damos la vuelta y le obligamos a que mire
hacia atrás, a las formas, no a lo Abierto, que
en el rostro del animal es tan profundo. Libre de muerte.
A ella sólo nosotros la vemos; el animal libre
tiene siempre su ocaso, detrás de sí
y ante sí tiene a Dios, y cuando anda, anda
en la eternidad, como andan las fuentes.
Nosotros nunca tenemos, ni siquiera un solo día,
el espacio puro ante nosotros, al que las flores
se abren infinitamente. Siempre hay mundo
y nunca Ninguna Parte sin No: lo puro,
no vigilado que el hombre respira y sabe
infinitamente y no codicia. Cuando niño
se pierde en silencio en esto y le
despiertan violentamente. o aquel muere y es esto.
Pues cerca de la muerte uno ya no ve la muerte
y ira fijamente hacia fuera, quizás con una gran
mirada de animal (...)

jueves, 29 de marzo de 2012

Presunción


El hombre  tiende generalmente a considerar que el orden en que se vive es natural. Las casas que ve cuando va a trabajar le parecen más bien unas rocas que han surgido de la misma tierra que una obra de la mente y las manos del hombre. Las actividades que lleva a cabo en su empresa o en su oficina las juzga importantes y considera que son parte del funcionamiento armónico del mundo. La ropa, tanto la que él lleva como la que ve a su alrededor, es en su opinión la que debería ser, y pensar que tanto él como sus amigos podrían llevar igualmente túnicas romanas o armaduras medievales le provoca risa. La posición social de un ministro o del director de un banco le parece algo importante y digno de envidia, y considera que poseer una considerable cantidad de dinero es una garantía de seguridad. No cree que en una calle que no conoce bien, en la que duermen los gatos y se divierten los niños, pueda aparecer un jinete con un lazo y que empiece a perseguir a los transeúntes y los arrastre hasta el matadero donde los matarán al acto y los colgarán de unos ganchos. También está acostumbrado a satisfacer sus necesidades fisiológicas, que se consideran íntimas, de la manera más discreta posible, lejos de las miradas de la gente, sin pararse a pensar demasiado en esa costumbre que no es en absoluto propia de todas las sociedades. En una palabra, se comporta un poco como Chaplin En la fiebre del oro, que trajina en su cabaña sin sospechar que está al borde de un precipicio.

 Occidente (fragmento).  Czeslaw Milosz (trad. Xavier Farré)


domingo, 25 de marzo de 2012

Más, sobre la pérdida


La lógica en la que nos parece que se ordena el mundo llega hasta la conciencia y la mente reprime que  la sensación del  dejà vu abra paso a las realidades encerradas en las cajas de los días,  sin dejarlas salir en un vuelo libre de prejuicios. Pero a veces se produce el milagro: lo que llamamos presente se refleja de un modo tan exacto en el pasado que la percepción retorna instantáneamente a sí misma en forma de recuerdo. 

Constaté,  ante la visión de algunas fotografías,  la extraña movilidad sujeta a cambios incesantes en la que transcurre nuestra vida. De alguna manera,  gracias a la poesía,  yo quería detener el tiempo, más bien exorcizarlo de su inmediatez. El poema se convertía en una instantánea del estado del alma.

Roland Barthes dejó escrito que la fotografía repite mecánicamente lo que nunca podrá repetirse existencialmente. En su ensayo sobre la fotografía hace referencia  a las fotos que aparentemente no tienen nada sorpresivo excepto el lógico paso del tiempo,  y lo que más le sorprendía, lo que de alguna manera veía que transmitían algunas fotos,  era algo que se escapaba a la lógica. Es lo que él llama la punzada. Una especie de pinchazo, de mini herida que se desvela al mirar la fotografía, como si un detalle aparentemente nimio contuviese lo sorprendente e inaudito, dejando la realidad a contraluz en una “esto fue y no fue”, como si sacásemos el envoltorio de un paquete que dejamos olvidado en algún lugar tiempo atrás.



(fragmento del artículo”Sobre la pérdida”  publicado en Cuadernos de Aldeu, Spanish Professionals in America, Inc, 2011, California North)