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domingo, 28 de abril de 2013

Sobre el deseo



(Deleuze)

“Cada vez que el deseo es traicionado, maldecido, arrancado de su campo de inmanencia, ahí hay un sacerdote. El sacerdote ha lanzado la triple maldición sobre le deseo: la de la ley negativa, la de la regla extrínseca, la del ideal trascendente. Mirando hacia el Norte el sacerdote ha dicho: deseo es carencia (¿cómo no iba a carecer de lo que se desea?). El sacerdote realizaba así el primer sacrificio, llamado  castración, y todos los hombres y mujeres del Norte le seguían gritando cadenciosamente “carencia, carencia es la ley común”. Luego, mirando hacia el Sur, el sacerdote ha relacionado el deseo con el placer; y no sólo el placer obtenido acallará momentáneamente el deseo, sino que obtenerlo ya es una forma de interrumpirlo, de descargarlo inmediatamente y de descargarnos de él. El placer-descarga: el sacerdote realizaba así el segundo sacrificio llamado masturbación. Por último, mirando hacia el Este exclamó: el goce es imposible, pero el imposible goce está inscrito en el deseo. Pues tal es el Ideal, en su imposibilidad misma, “la carencia-de-gozar que es la vida. El sacerdote realizaba así el tercer sacrificio, fantasma o mil y una noches, ciento veinte días, mientras que los hombres del Este cantaban: sí, seremos vuestro fantasma, vuestro ideal y vuestra imposibilidad, los vuestros y también los nuestros. El sacerdote no había mirado hacia el Oeste, puesto que sabía perfectamente que estaba ocupado por un plan de consistencia, pero creía que esa dirección estaba cerrada por las columnas de Hércules, no tenía salida, no estaba habitada por hombres. Sin embargo, ahí era donde se ocultaba el deseo, el Oeste era el camino más corto del Este, y de las otras direcciones redescubiertas y desterritorializadas”.




miércoles, 24 de abril de 2013

Árboles que ya florecerán


El horizonte del ser es poroso
y el regreso de lo reprimido
a la menor brecha resurge
y te pones calcetines negros
y sales a la calle y tus semejantes
compran para toda la semana
y se cierran las pizzerías.







miércoles, 17 de abril de 2013

De todo hace mucho








103

De todo hace mucho.
Las livianas palabras, los roces
No escritos, tarjetas que hallas
En un libro antiguo
De tu cuerpo hace mucho.








jueves, 11 de abril de 2013

Mi padre (del diario)



Primavera ya. Pájaros y esas cosas que reverberan por bellas. También es bello el reverberar de lo oscuro. Latidos de vida con promesas de más vida. Cuando deja de ser bello comienzas a morir. Lo ves todo lejano. Un anuncio de vida para la muerte. La naturaleza es cruel. Regresaba en el bus desde Olesa de Montserrat hasta Barcelona;  el sol se ponía tras los cristales de la ventanilla y ensombrecía,  dando relieve,  la montaña de Montserrat. Mi padre eligió Barcelona,  y hace veinte años eligieron, por casualidad, vivir cerca de la montaña sagrada. Ayer miraba aquella montaña sin el rencor de siempre, vinculada a esos políticos que quieren hacer suya la montaña. Religiones que quieren hacer suya la montaña. Montañas para que haya dueños espirituales -será que lo elevado evoca  en la gradación imaginaria y alquímica,  el más alto (no sagrado)  peldaño-. Superposiciones irreales donde no se puede vivir. Pensaba en mi padre, en la elección de Barcelona en vez de otra ciudad, en el tiro largo de las casualidades, en que su vida no ha sido inútil. Ahora es un anciano venerable. Un anciano que sabe que la vida es vivir. Cuando acabe ese pulso todo habrá terminado. No hay largos plazos ni extensas unidades de deseo. Es el latir constante, real, como cuando desgajas la naranja. Y todo ese amor que te sale para que la vida continúe.