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miércoles, 29 de enero de 2014

Presentaciones

Los nuevos poemarios de Concha García y Jesús Aguado llegan a las librerías 
Albert Tugues24/01/2014



(Foto:)
 
Los últimos poemarios de Concha García y Jesús Aguado ya están en las librerías. El libro de Concha García, El día anterior al momento de quererte(Calambur Editorial) fue presentado por Virginia Trueba, profesora de Literatura española de la Universitat de Barcelona en la librería La Central. La autora, después de leer unos poemas, ya en el coloquio final de la presentación, habló sobre el desdoblamiento del sujeto poético, y la relación de este con su propia conciencia. Cada poema formalizado como una acción poética, no sólo existencial, sino también cívica y política, que cuestione el sistema y las ideas establecidas, desarticulándolas, y construya nuevas forma del decir poético, necesaria y renovadamente crítico con el presente histórico.

Por su parte, los poetas José Ángel Cilleruelo y Sergio Gaspar presentaron la última antología de poesía de Jesús Aguado, La insomne (Fondo de Cultura Económica). Cilleruelo, antólogo del libro, destacó la necesidad de conocer la biografía, la vida del poeta, a fin de conocer y acercarnos mejor al contenido de los poemas, e hizo un magnífico recorrido por la vida y la obra de Jesús Aguado: sus inicios literarios en la Universidad, sus viajes y versiones de poetas devocionales de la India, su venida a Barcelona, etc. 

Por su parte, Sergio Gaspar, que dijo no fiarse ya de la poesía, recomendó, sin embargo, leer los  libros de Jesús Aguado, “un poeta que aún tiene fe en la poesía y sabe decirla”. Aguado habló de la poética del fugitivo y la poética del insomne, ambas presentes en sus poemas. Después de leer unos poemas dedicados a su hija (de próxima publicación en Ed. Hiperión), leyó algunos del poemario La insomne y finalizó la presentación con la lectura del largo poema que da título a la antología. 

domingo, 26 de enero de 2014

Sobre poesía





En este libro, recorro las épocas de la vida que incluyen también la de los antepasados y la de los muertos, cuyas voces resuenan en los vivos. Con un yo que se hace otros y otras sus miradas da cabida a todo lo que transforma nuestra conciencia. Como quien despliega un mapa, los poemas están poblados de instantes en permanente movimiento. Lo cotidiano desvela extrañamiento en cada una de las escenas y en su quiebro la realidad se desmenuza. Desde el primer poema que transcurre en una sala de estar, filtro en un solo instante secuencias de situaciones posibles haciendo que la realidad se parezca a una superficie de fulgores, fuerzas e intensidades de las que emana una lucidez y conocimiento que aunque instantáneos, desencajan la solidad y supuesta permanencia de los sistemas de pensamiento establecidos. Allí donde se sueña, se está marcando un territorio, allá donde se escribe, se inicia una ruta, allí donde se desea, el cuerpo late.



Foto: ruta en Tierra del Fuego

sábado, 18 de enero de 2014

Anunciación (poema de Ida Vitale)








Viene el ángel de raso, replegadas las alas,
hacia el rincón de la terraza donde,
al pie de la columna,
leía la virgen el libro que ahora olvida.
Un gozque, junto a ella,
alza una pata inquieta, mientras,
contra el crepúsculo,
el dedo admonitorio del ángel
diríase que a un hilo parte
y doblega una mano dócil
sobre el pecho asustado.
Los colores
son los que acostumbra el Veronese:
borra de vino el talar de María,
oscuro azul su manto.
El cielo en el crepúsculo progresa
del intenso celeste a los jirones rosa
que anuncian para mañana,
acaso , la tormenta.
Pero ya cuaja un leve
velo gris sobre las cosas
que ignoran
cómo se leerá el destino.

Todo sucede a una distancia abismal
de este mundo,
que aún se imagina libre
de la Bestia y del Límite.



Foto: Tomada en Buenos Aires


lunes, 13 de enero de 2014

Falta




Todo lo verde
no es hierba,
brezo, árbol,
cactus, geranio,
ni pantalón,
la oruga, grúa
automóvil (falta un sujeto

en algo).

domingo, 5 de enero de 2014

Llameante día




Ya pasaron los días que empujaron otros días, con viento o sin él, se fueron deslizando por la falsa almohadilla del tiempo. Aquí, detenida, quieta, sin una sola ocurrencia que me distraiga del momento presente, abro los ojos y en ese movimiento casi imperceptible escucho el ruido de un sinfín de niños saliendo del colegio. Las batas a  rayas azules y blancas, un polvillo de calle sin asfaltar en el barrio donde todavía hay grandes explanadas. Con torpeza camino por el barrizal después de una lluvia intensa y tropiezo con una lata llena de carburo. Al contacto con el agua se convierte en algo gaseoso, un humo grisáceo intenso durante unos minutos hace que otros niños se acerquen alrededor de la lata. Saltan y gritan. Me voy del grupo que se ha formado de una manera tan insólita. Camino hasta el confín del barrio, en realidad es una pequeña caminata desde donde no veo más que hombres saliendo de sus casas apresurados, con gabardinas blancas. Ninguno es calvo. El calendario marca el año 1951. La casa de juguetes no está donde creía. Tardo demasiado en llegar. Arribo a un túnel  abandonado. No entro . Llego a una casa de chocolate cuyas ventanas parecen de caramelo. Me acerco a la puerta, golpeo con el aldabón, se resquebraja un trozo de puerta. Abre la bruja. Hay un caldero redondo sostenido por unas cuerdas de alambre enganchadas en una viga. El burbujeante líquido expele un olor desagradable. La bruja tienen un grano en la nariz y a una mano le falta un dedo.  Entra un enanito que me mira con calidez. Se oscurece la habitación y me meto debajo de la cama. La seguridad de lo oscuro, eso es lo que ahora recuerdo mientras paso de una habitación a otra esperando a los invitados.