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lunes, 23 de mayo de 2016

Enrique Fierro



Enrique, llegando a casa de la profesora Sharon K.U en Austin. Llevaba una botella de Licor 43 como regalo. Sharon la guardó y me dijo: -Cada año me trae el mismo licor-. Ambas sonreímos con cierta complicidad y pasamos al salón. Un salón enorme donde nos sentamos a la mesa para cenar, también estaba el esposo de Sharon,  que había cocinado. Enrique comenzó a hablar, recuerdo que comentaba que los Podestá eran titiriteros italianos muy pobres que habían emigrado al Uruguay y de esa rama familiar provenía. Recordaba los tiempos como director de la Biblioteca Nacional, era un excelente conversador, brillante, inteligente, memorioso. Con Enrique y Ida Vitale teníamos extrañas coincidencias. Cuando ellos iban a Barcelona y me llamaban para procurar un encuentro, yo estaba en Montevideo. Pero una vez coincidimos en Barcelona, hace tres años, ambos leyeron sus poemas en la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña. Enrique leyó poemas donde aparecían animales, eran poemas llenos de humor y de vida, no eran poemas lapidarios. Después los vi en Austin, en su casa. Antes los había visto en Nueva York, jamás en Montevideo. Me invitaron a merendar y yo llegué antes. Su apartamento en la calle de la Vaca era más pequeño que el de Montevideo, con menos libros, muy acogedor.  Cuántas cosas recuerdo ahora. Fueron ellos, Ida y Enrique, quienes me abrieron, de alguna manera las puertas de una de las ciudades que más amo, Montevideo. A Enrique le gustó la Lejanía, Cuaderno de Montevideo, decía que había descrito un Montevideo muy triste y él no tenía la misma percepción. Estaba triste porque su ciudad lo borró, era un exiliado más. Todo mi agradecimiento, querido Enrique.

jueves, 19 de mayo de 2016

del Diario











Me ha dado una llave pequeña después de haber tomado nota de mi nombre y nacionalidad. He subido hasta la habitación del quinto piso en un ascensor estrecho cuya botonera está brillante. Ha frenado con brusquedad y he salido con la maleta de ruedas arrastrándola por una vieja alfombra de color ocre hasta la habitación 508. Al abrirla he sentido una cierta familiaridad con algo, no sé muy bien con qué.

He dejado sobre la cama la ropa y me he asomado a la ventana. Hay dos. Por una se ve la calle y una hilera de árboles que ocultan parte de las aceras. El viento las sacude. Lo miro todo sin  curiosidad. La otra ventana da a la escalera, al abrirla me ha sorprendido ver a una mujer bajándola lentamente. Escucho sus pasos y también el runrún de una televisión que no debe estar lejos. Cierro las ventanas y observo la ropa. Después me miro ante un espejo que hay en la cabecera de la cama. Es rectangular y puedo ver la pared de enfrente donde hay una ilustración de unos pájaros sobre unas ramas muy delgadas con una montaña nevada al fondo.

Abro la puerta del baño. Una pequeña ducha resguardada por unas cortinas de plástico bastante sucias. En la jabonera no hay nada. La taza del wáter está limpia. Me siento sobre ella inspeccionando el receptáculo. Se escucha el goteo del grifo. Lo aprieto pero no deja de gotear. Hay dos toallas blancas bastante gastadas por el uso y limpias,  colgadas cerca de la ducha. Un ventanuco negro da a un patio desde donde entra un poco de luz , como si estuviese reservada a la oscuridad,  dan ganas de gozarla. Es una luz que no ilumina ni alumbra, solo deja constancia de su cualidad aminorada por la lejanía de la que procede su fuente.

sábado, 14 de mayo de 2016

Poema





En todo orden
Destila un deterioro
Que mueve las cosas
De lugar, hoy
Al levantarme
He sentido que en el sueño
Lo verdaderamente real

No me incumbía.



lunes, 2 de mayo de 2016

El origen del Café La lejana

Hace más de veinte años escribía yo unas crónicas dialogadas que se iban publicando en un diario de Málaga llamado Papeles Literarios. Las crónicas eran una ficción donde se reflejaba la realidad poética del momento. Hoy las saco del baúl porque creo que no han envejecido nada.





CAFÉ “LA LEJANA”

(1996)

El otoño ha llegado y cumpliremos un año más, lo que quiere decir  que ya es hora de
ponerme a escribir en serio. Hacía tiempo que no reflexionaba en torno a un asunto tan baladí como un cambio de estación. El otoño ha llegado y yo también acabo de llegar a La Lejana.   Me han dicho que se van a celebrar unas tertulias poéticas en este mismo café durante el largo otoño que se nos avecina.  ¿Quiénes leerán sus excelsos versos?  ¿Catalanes y castellanos? ¿Andaluces y riojanos? ¿Canarios y albaceteños? Me pregunto hasta qué punto  es necesario que un poeta se unte de nacionalidad, ¿La tienen los ángeles?
Me han dicho que uno de los poetas que frecuentaba el café Bauma se ha hecho experto en “angeología”. Asegura el poeta que la imagen aquella de un par de niños asomados a un precipicio y custodiados por un enorme ser con cabellos rubios y dos grandes alas, es cierta, que existe ese ser y que lo tenemos siempre al lado. Hasta creo que se imparten cursos sobre los ángeles. Si me enterase de alguno me apuntaría. Pero dejémosnos de tonterías que ya viene Melene.
- Tienes un cara muy seria Melene. ¿Te ha sucedido alguna cosa?
- He perdido “Los ecos y las voces”
- ¿Qué es eso?
- La antología de García M. editada por Júcar en 1980, allí salían las fotos de casi todos los antologados , menos la de Abelardo L. y la de Julio Alonso LL. La vi de saldo en la calle Pelayo. Pero ahora no sé donde está, seguro que me la ha robado Antonio.
- ¿Y para qué iba a querer tu primo esa antología?
- Para su tesis doctoral. Creo que está trabajando en un exhaustivo estudio de las antologías de poetas españoles desde la época de Meléndez Valdés hasta ahora.
- Vaya trabajito.
- No sabes cuánto siento haber perdido la antología. Habrá sido a causa de la sorpresa de ver en el mismo libro a Carlos Clementson, Pedro J. de la Peña y  Francisco Bejarano, los tres con 20 años menos, eso sí.
- ¿Y no estaba Pedro Rodríguez Pacheco? Creo que por edad le correspondería figurar. Es sólo dos años mayor que Justo Jorge Padrón.
- Pues no está. No sé si García M. conoce “De libre edad”, la recopilación de su obra poética. Por cierto, en la solapa de una plaquette que acaba de publicar en “Los Cuadernos de Sandua” , El Baile de las Grullas, pone que en dicha recopilación hay poemas desde 1941 hasta 1990. ¿Nació escribiendo versos o es una errata?
- Dudo mucho que  un bebé pueda salir del vientre materno declamando poesía, sería demasiado para el cuerpo ¿no?
- Demasiado, ya lo creo.
- ¿Sabes una cosa?
- Qué
- Estoy aburrida. Creo que me voy a dedicar a la novela. He escrito unos poemas últimamente que han sido rechazados en casi todas las revistas de poesía de todas las comunidades autótomas, quizás tenga que buscar mi futuro en otras tierras. Argentina, por ejemplo.
- ¿Puedes dejarme leer alguno de esos poemas que te han rechazado?
- Cómo no. Escucha, te voy a leer “Versos de poetiso
Versos de poetiso
zozobran mi oído
me alertan de un canto
que llena mi espanto.

Dando tumbos voy
en pos del ingrato
que busca en mis senos
pasarse un buen rato.

Me abrocho la falda
por cada soneto
que el vate me lanza
con aire indiscreto

- No tienen profundidad, es lógico que  lo hayan rechazado. ¿Has probado también en Barcarola o en Renacimiento? También podrías intentarlo en El Signo del Gorrión, seguro que en esa no lo has intentado.
- Te he dicho que en todas, pero ahora que lo dices... creo que me falta Signos, seguro que en esa me lo publican. Pero ¿por qué dices que no tienen profundidad mis versos?
- Porque son una tontería profunda. El hecho de que hagas rimas consonánticas no es garantía de nada. Además esas rimas están mal colocadas, deberías cambiarlas.
- Ni hablar, a mi me gustan así. No soy ortodoxa con la poesía, y menos con la que yo compongo. Ojalá García M. se fije en mi para incluirme en una antología.
- Si fueses asturiana ya estarías en alguna. Me consta que le interesan las poetisas asturianas que escriben en bable, naturalmente.
- Sería capaz de escribir en lengua retorrománica si ello fuese una garantía de la difusión de mi obra.
- Por cierto ¿no estás contenta? le han dado el premio Nobel a una mujer poeta.
Wislawa Szymborska.
- No conozco ningún poema, sólo el que han publicado en “La Vanguardia” titulado Amor a primera vista, me ha gustado mucho porque es un poema que no se preocupa sólo por las rimas. Dice algo.
- No entiendo por qué te emperras en escribir con rimas si reconoces que no se tiene que escribir como si emulases el romancero.
- Yo juego con la poesía, no pretendo nada más. Reconozco que no sé llegar donde llegan algunos poetas, sobre todo, algunas mujeres europeas de este siglo.
- Dice Wislawa que dividir la poesía masculina o femenina está empezando a sonar absurdo, y estoy de acuerdo.
- Yo también, pero de momento tenemos que pensar que algunos críticos todavía no se han planteado esa cuestión.
- Ni se la plantearán, déjate de utopías, y dime qué has leído últimamente que te haya impresionado.
- ¿Te refieres a eso de una pedrada en las entrañas?
 -Más o menos.
- No estoy dispuesta a recibir una herida, me abstengo de leer textos que me apedreen.
- Por eso escribes lo que escribes, te falta tradición.
- Me sobra por los poros.
- Te falta, porque no la has asimilado. Sinceramente, cambia el estilo de esos versillos y haz algo grande, como los poemas  que escribe Carlos Clementson
_ ¿Te refieres a esos poemas tan largos y tan densos?
- Me refiero a esos poemas tan largos y tan densos, exactamente.
- Me pierdo. Prefiero leer a Kavafis.
- Ya, ya... ¿Y qué me dices de Antonio H.?
- No es Kavafis
- Ni lo prentende
- Pues eso
- ¿Y el libro “Eglogas de Tiena” de Fernando F, José. , Enrique M. y Juan J. L?
.- No lo conozco.
- Pues te lo prestaré. Son como Garcilasos del siglo XVI.
_ Qué tontería. Estamos en el siglo veinte ¿No?
- Pues eso.
- ¿De qué va? ¿de églogas?
- Irónicas. Tienen escuela los chicos.
- Como yo.
- Claro, como tú.
- ¿Por qué no nos vamos?
- Estoy esperando a Exuperia Vid.
- ¡Ah!, la poetisa galardonada con diez huchas de oro en su pueblo... pues yo me voy que tengo que pensar en mis poemas y en los ángeles.










domingo, 1 de mayo de 2016

Fuga (poema)



Fuga


Cuando ganó el objeto de su amor
en tropel todas las que fue entraron a un barco.
La rigidez del capitán quiso ordenarlas
pero la neurótica H. se puso a fumar
como si sus dedos descifraran en el humo
el verdadero sentimiento de atemporalidad.
Así, floreció una ristra de ajos, cambió
la bombilla una mano desgajada,
la realidad se hizo invisible
y tomó mil aspectos que en el otro orden
se convirtieron en  actos fallidos. Así
ver el mar, por ejemplo, todo marrón,
motivó que un olvido respecto a quién era
le hiciera mirar hacia un horizonte ladeado.

Y formó un hogar del deambuleo.