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viernes, 22 de julio de 2016

Las proximidades







Vista desde la ventana del hotel

Se separó la calle de la ruta,
al bordearla, vi de lejos
una secuencia que evocaba
la coherencia sentida
tres días antes, junto a ti,
en el edificio de 1870
estabas retratada y me figuré
que las aceras coloniales
abrían paso a una nueva
memoria de instalarnos.


 (de Las proximidades, en prensa, Editorial Calambur)
Concha García

viernes, 8 de julio de 2016

Patagonia: Las aldeas y los mundos en la poesía contemporánea.





En la Sala Maria Aurelia Campmany, del Pati Llimona (Barcelona), dictó su conferencia –magistral, sin necesidad de un solo papel-, Luciana Tani Mellado bajo el título inspirado en José Martí:  “Las aldeas y los mundos en la poesía contemporánea de la Patagonia”. Era viernes, 1 de julio, unas 18 personas, entre ellas bastantes caras conocidas.
La profesora, acompañada de su compañero y profesor Andy Maldonado, comenzó hablando del paisaje patagónico que es donde ella vive, en Comodoro Rivadavia, frente al Atlántico: la meseta asciende pero se achata, no hay grandes diferencias en las alturas. Habló de Pigafetta, que en 1520 nombró por primera vez la Patagonia y dijo que ese mito hiperbólico no es falso del todo. Los patagónicos eran hombres muy grandes y cuando los europeos los vieron se sorprendieron del tamaño de sus pies. Esa es una de las leyendas. Hay más.
A 380 kilómetros se halla la población más cercana de su ciudad: la ciudad de Trelew.  En medio no hay nada. Sí que hay. Hay cielo, tierra,  seres vivos, pero no hay gente. Dijo que la poesía es un modo de mirar desautomatizado, que en la Patagonia el campo de la mirada es relevante, que la mirada desnaturaliza. Habló de Edward Said, autor de Orientalismo, el escritor palestino decía que la poesía es la patria de la afiliación. Tani habló de la diferencia entre filiación: yo soy de aquí, tengo estos ojos, y soy hombre o mujer, la filiación nadie la elige. La afiliación sí.  Tani y yo nos hemos afiliado por la poesía, nos hemos elegido. Hacemos puentes. Habló no solo del espacio en la Patagonia, ese espacio vacío e infinito. Pero vacío ¿de qué?  No tan vacío. Mencionó el poema de Juan Carlos Moisés:

EL QUERIDO

Según el último censo 
nacional,
mi pueblito, el querido,
el natal, tiene más o menos la misma 
cantidad de habitantes 
que cuarenta años atrás; 
eso porque no contaron árboles, 
sueños, pajaritos, nubes, aguaceros, 
todo lo que respira
y queda para siempre.


Después del poema, la profesora abrió la extensión a lo temporal. Lo importante que es el prestar atención al tiempo en la Patagonia. No por el horror al vacío, sino porque se tiene más tiempo. La imaginación puebla con más intensidad la mirada de imágenes de la Patagonia, donde no hay casi gente. ¿Quién dijo que el viento mueve cosas invisibles? Habló de los poetas: de Graciela Cros, de Maky Corbalán, de Juan Carlos Moisés, de Julio Leite, de Liliana Ancalao, mapuche, a quien le robaron la lengua, tuvo que aprenderla de mayor.  Habló de José Martí, en el libro  Nuestra América "cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea". De la metáfora del embudo inventada por el poeta residente en Tierra del Fuego Julio José Leite mencionó su idea: “Nosotros,  en el sur del sur miramos con la parte más estrecha del embudo y la vista es panorámica, quienes miran desde la parte más ancha contemplan una vista focalizada y disminuida, así son quienes piensan que su aldea es lo mejor del mundo”.
La poesía es un domicilio existencial, no solo la poesía, sino quienes creemos en ello. Por eso nos desplazamos. Qué necesidad tenemos de ir de aquí para allá, esos son nuestros domicilios.
Le gusta el concepto de Deleuze: lengua menor. Somos hablantes en una lengua menor. Graciela Cros toma voces de otros lugares, se contagia, es etnolingüística:

Mi hija escribió que yo nací en el huevo de un río
y por eso soy un pez.
Para mi padre era un caracol
entonces debo ser lo que él creía
porque el huevo vino de él.
Sin embargo, mi hija dice que también fui yegua
y que siéndolo parí un hijo de algodón
y a otro que está loco y lejos (…)

Maky Corbalán escribía desde dentro del huevo.  Liliana Campazzo con el cuerpo. Miradas que van de lo máximo a lo mínimo. La exagerada cercanía distorsiona la mirada por eso el aprendizaje de las distancias nos amplía la conciencia;  no es lo mismo la vista focal que la panorámica. Cuando uno solo ve su tierra, su ombligo, su yo, está focalizando demasiado. Rodolfo Kusch, filósofo argentino, investigador del pensamiento indígena y precolombino –no tienen otra palabra para precolombino, decía Tani-, arguyendo la enorme uniformidad que pone la etiqueta a culturas tan diferentes. Kurch y Arlt, los grandes cronistas argentinos del expolio que se hizo con los indios primero, y con los obreros después. Mencionó la película que narra los hechos acontecidos en Trelew en 1972, el asesinato de dieciséis obreros presos en la cárcel de Rawson. (En youtube se puede ver la película La Patagonia Rebelde). La Patagonia no es solo una marca, claro está, la Patagonia está cubierta de una sangrienta historia.
La campaña del desierto del general Roca, ministro de guerra de Avellaneda, provocó el exterminio de los habitantes originarios entre 1879 y 1884. Hace tiempo que la población de General Roca no quiere que su ciudad tenga el nombre de un genocida y piden que se nomine como antes: Fiske Menuco.  Todo eso es lo que también late en la Patagonia. Quieren que no haya calles con ese nombre.
Tani nos recordó que fueron los ingleses quienes colonizaron aquellas tierras con la invasión de ovejas, los territorializaron, por eso no tienen plazas donde haya una iglesia y  ayuntamiento, al estilo español. En el norte argentino sí las hay. En la Patagonia no; además,  en Comodoro el viento te arrastra. Tani ha sentido en Barcelona que el rodillo compresor del turismo, aniquilador y devorador, cada vez hay más turistas, es otra manera de colonizar, aunque sea la mayor fuente de ingresos para la ciudad.
Para llegar hasta el Pati Llimona, en pleno barrio gótico, atravesamos ríos de gente, sobre todo, turistas;  pero la gente no entra en las salas de conferencias. No se es más rico por tener más dinero. En Comodoro, donde el petróleo sale en algunas viviendas de los conductos de las tuberías, explotan a los petroleros. Se gastan el dinero en grandes televisiones, y otros objetos de consumo, beben mucho, hay mucha prostitución, todo queda en la casa del amo. No se invierte en escuelas ni en cultura, para qué.  Mapudungun es la lengua de los mapuches, que quiere decir lengua de la tierra. En el sur de Chile se habla más mapuche porque no los exterminaron con la misma saña. Hay producciones de poesía en su lengua, la lengua de la tierra y el imaginario es opuesto al nuestro. La naturaleza está más presente y el yo ni se nombra. Es la mirada, sobre todo, la mirada la que hace confluir los mundos poéticos. La que hace sentir extrañamiento, como si vieses las cosas por primera vez.



lunes, 4 de julio de 2016

Reseña de poetisas del 27 (1999)






En el número de Insula que dedicó a la “Mujeres del 27” en mayo de 1993,  Emilio Miró anunciaba la revisión y revalorización de las poetas de dicha generación: Ernestina de Champourcín (Vitoria, 1905) , Josefina de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria, 1907),  Concha Méndez (Madrid, 1898), Carmen Conde (Cartagena, 1907) y Rosa Chacel (Valladolid, 1899) ya estaba en marcha. Y así ha sido. El mismo estudioso se ha encargado de prologar y seleccionar los poemas de las poetas mencionadas en una edición que estaba haciendo bastante falta desde varios puntos de vista. Que sea otra vez  un tomo dedicado sólo a las mujeres sigue pareciéndome necesario, y no nos queda más remedio que aceptar y elogiar la publicación de estos trabajos. Se trata de la Antología de poetisas del 27, editada por Castalia en 1999.

La introducción de Emilio Miró es valiosa en cuanto a la información que nos ofrece. Primero presenta al grupo de ocho poetas que han constituido la generación del 27 (todos varones) y después pone en cuestión el concepto de generación -demasiado restrictivo- ante el de grupo -mucho más específico-. Nos explica que Gerardo Diego en la segunda edición de su Antología de 1934 incluyó a dos poetas mujeres: Ernestina de Champourcín y Josefina de la Torre, y no precisamente para cubrir la cuota femenina pues en ningún momento hizo el poeta y académico distingos entre unos y otras: “mi selección no era un capricho mío personal, sino un acuerdo, conformidad casi exacta en el gusto de la mayoría de los dieciséis poetas consultados por mí” (y todavía hoy algún crítico dice que crear una sección femenina del grupo es un despropósito). A continuación repasa las ediciones de diversas antologías para constatar que en la mayoría las mujeres han sido excluidas o mencionadas por mera cortesía  -por ejemplo en el tomo VI de Historia de la Literatura Española de Valbuena Prat, el antólogo justificaba la inclusión de algunas poetas solamente por galantería-  Como dice Miró, más que un acto justiciero aquello fue un requiebro.

Como grupo, las poetas del 27, compartieron varias experiencias similares. En las décadas de 1920 y 1930 publicaron o escribieron sus primeros libros todas ellas, excepto Rosa Chacel que hasta 1936 fue autora de un sólo libro de poemas A la orilla de un pozo. Los orígenes familiares de todas pertenecieron a la clase media, burguesía y alta burguesía;  ninguna tuvo titulación universitaria -como era normal en las mujeres de su generación-. Rosa Chacel fue casi autodidacta; Josefina de la Torre se formó sobre todo con la música y la interpretación teatral, y confiesa Concha Méndez en el primer capítulo de sus Memorias. “A nosotras, las niñas, nos enseñaban en la escuela materias distintas a las que aprendían los niños; a ellos les preparaban para que después siguieran estudios superiores; nosotras, en cambio, recibíamos cursos de aseo, economía doméstica, y otras cosas que nos harían pasar de colegialas a esposas”.  Además todas contrajeron matrimonio con artistas o escritores. Concha Méndez fue la más viajera y cosmopolita -novia durante más de seis años de Buñuel y esposa después de Atolaguirre- escribió sus primeros poemas gracias a los consejos de García Lorca. Hoy, sus poemas urbanos y de paisajes cuyo correlato es el propio estado de ánimo de la autora, no han perdido actualidad para el lector por el dominio de la técnica reflejado en metros cortos o en romances en hetpasílabos o alejandrinos. Se descubre que a medida que pasa el tiempo la poesía de Concha Méndez se parece más a una autobiografía marcada por el desgarro emocional.


El yo en todas estas poetas ocupa un papel fundamental. Quizás los sonetos de Rosa Chacel hoy se nos antojan un tanto encorsetados, pero su fidelidad por el arte clásico y su pensamiento siempre en constante revisión han hecho que su poesía sea una tensa y rigurosa exploración intelectual. Chacel durante casi medio siglo se negó a reunir en un volumen sus poemas “... me queda por decir que todavía en cierto modo reaccioné contra el clasicismo de mis versos. Comprendí que el rigor de la forma me encadenaba”. Queda por descubrir la faceta más vanguardista de Ernestina de Champourcín -tan injustamente tratada-, devota durante toda su vida de la obra de Juan Ramón Jiménez. Su primer libro, de sesgo modernista, dio paso a otros poemarios (más de quince) el último publicado seis años antes de su muerte, en febrero de este año, en los que buscaba su propia voz. El estudioso de su obra,  José Angel Ascunce,  dice “La poesía de Ernestina desvela una temática amorosa que engloba la totalidad del ser (...) el sujeto frente a sí mismo y el sujeto frente a lo otro”. Quizás su postura antifeminista y el componente religioso de su obra no hayan actuado muy en su favor para una profunda revisión de su obra, mucho más liberada de los clichés ideológicos en sus poemas de carácter vanguardista “En el pentágrama del cielo traza una golongrina/ la fuga del ocaso”. Josefina de la Torre a los 20 años publicó su primer poemario escrito también  bajo la influencia del magisterio de Juan Ramón Jiménez y la imaginería vanguardista tan propia de aquellos tiempos. La poeta grancanaria, como Carmen Conde y Ernestina de Champourcín, acabó escribiendo poemas donde la inocografía cristiana, la fusión sacrificio-amor y la frustración maternal se situaron en el eje de su discurso poético (y que durante toda la postguerra será prácticamente el tema oficial de las mujeres poetas que se quedaron en España). Carmen Conde, como se sabe, llegó a ser académica, atribuyéndosele el título de primera voz femenina de la lírica de la postguerra, también lectora y admiradora de la obra del poeta de Moguer. Sus poemas se decantan, sobre todo por el tema de la frustración maternal y amorosa y la sublimación del amor a través de la poesía en ese conflicto que vivió entre estar casada con un hombre muy débil y estar enamorada de una mujer.  De ahí - dice Emilio Miró- que su sujeto poético se muestre siempre como si fuese una niña ya adulta. Recordemos también que fue la primera en recopilar la obra de las poetas españolas de la postguerra en una antología (Poesía Femenina Española 1939-1950), aunque no sabemos por qué Rosa Chacel y Concha Méndez no aparecieron, quizás el hecho de que estuvieran en el exilio diluyó sus nombres en aquellos momentos. 

(Reseña publicada en ABC Cultural)
Iré publicando reseñas de libros que comenté cuando se iban editando y me parecen todavía relevantes,
Concha García