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jueves, 22 de diciembre de 2016

Paseos bonaerenses





Salir del hotel en la esquina Paraná con Viamonte. La calle desierta a las ocho de la mañana. Ayer viernes era un ajetreo de gente y de coches. Veo a una mujer esperando el bus, sola. Sonríe a una paloma, como si la paloma fuese un gato. La soledad de esa mujer debe ser grande. Llego a la Avenida Corrientes, tampoco hay casi nadie. Las tiendas son los ojos abiertos de la avenida. Un mendigo bajo el tejadillo de un quiosco le habla a una paloma también. Esta mañana, al amanecer, tras la ventana del cuarto del hotel, me sorprendió el vuelo de unos pájaros en medio de tanto cemento. Eran palomas que buscaban acomodo en las cornisas.

(del diario)

lunes, 12 de diciembre de 2016

Marosa di Giorgio




Marosa di Giorgio nació en Salta (Uruguay) en 1932 y murió en Montevideo (Uruguay) en 2004, en casa de su hermana Nidia. Su familia provenía de Italia y del País Vasco.
Empezó a publicar en los años cincuenta. En 1979 la Editorial Arca reunió sus anteriores libros bajo el título Los papeles salvajes. Posteriormente la editorial argentina Adriana Hidalgo publicó su obra revisada y completa, en 1999. El conjunto de la obra de Giorgio se compone de relatos, poemas, narraciones breves, de género inclasificable, su obra puede ser una variación del mismo tema o varios temas alrededor de una variación.
Las sucesivas transformaciones del yo lírico, la insensatez de un deseo sin cortapisas, intenso y violento, hereje y blasfemo, que tiene su campo en los procesos e impulsos corporales de la escritura, no en la realidad de un referente objetivo (Roberto Echavarren).
En su poesía no existe el límite de lo verosímil, tampoco las imágenes están colocadas en lugares de la racionalidad, un despliegue de imaginación sin límites abre las puertas de su infancia constantemente cerrándose en algunas habitaciones, sobre todo la de la madre. Animales, plantas, seres indefinidos o inventados, recorren sus escritos, no manifestándose sentimientos subjetivos.
La subjetividad de Marosa queda reflejada en los puntos donde coloca la alucinante fantasía de sus recorridos.
“Vine a la luz en este florido y espejeante salto del uruguay, hace un siglo, o ayer mismo, o mismo ahora, porque a cada instante estoy naciendo. Era por junio y por domingo y a mitad del día. Imagino el rostro pálido de mi madre, y más allá a los campos con la escarcha crecida –como mármol levísimo, lúcido, adecuado sólo para construir estatuas de ángeles – y con las telarañas cargadas de perlas, y las naranjas como bombas de oro…” (en Señales mías, un a modo de autobiografía)

Homofonías, aliteraciones, imágenes incompletas o fluidas. Más que describir, la narradora va escogiendo entre parentescos sonoros. Las homofonías liberan una energía ya que del discurso embotado se pasa de repente, a través de sustituciones pérfidas, no a un significado, sino a un aura de esclarecimiento y goce (comedores, corredores, huesos, huevos, etc). Los protagonistas no son personajes sino acontecimientos (un viento, una helada) que toman la figura transitoria de caracteres.
La escritura original de Marosa no puede clasificarse. Con influencias de Lautréamont, o cuentos de origen celta, sus relatos poéticos encubren y muestran a la vez escenas eróticas de gran intensidad que se diluyen al ser mostradas por referentes donde los personajes: colegialas y jóvenes aniñadas, como de otra época, provenientes de una prehistoria donde el ritmo está marcado por el gran acontecimiento de las nupcias, la virginidad, los requerimientos sexuales y el contacto directo con la naturaleza, la proveedora de maravillas y crudezas.
Era una mujer muy llamativa. Vestía de una manera extravagante, el pelo teñido de rojo, frecuentaba cafés en Salta y en Montevideo y fue invitada a varios países latinoamericanos como invitada para leer su poesía. Lamentablemente no pude llegar a conocerla, ese verano me enteré de su muerte por una nota que Diana Bellessi escribió en la prensa argentina. Sin embargo, a su hermana Nidia, también escritora, pude conocerla y conservo un gratísimo recuerdo.




sábado, 3 de diciembre de 2016

Los antiguos domicilios








El otro día explicaba en una reunión qué quería decir el verso “Me gustaría ser un hombre de fino bigote que toma el autobús”. No es el deseo de ser otro, ni de un cambio de identidad, sino salir del lugar vacío donde colocaron a las mujeres desde hace siglos, cuando a falta de un hombre no existía la posibilidad de prosperar. En una casa sin hombre las mujeres languidecían (en La Casa de Bernarda Alba, Lorca lo explicó muy bien), de tal manera que ser un hombre aunque mediocre, del montón, ocupa en el imaginario una mayor relevancia que cualquier mujer. Un poema no puede explicarse, pero puedes des-velarlo con el tiempo. Al escribir aquel poema titulado Otra no sabía que estaba escribiendo impulsada por aquellas huellas impositivas nos habían dejado en el inconsciente. 


en Ed. La isla de Siltolá, Sevilla 2015